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Éxodo 14 - 15:21 y Salmo 7

20/1/2012

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         Para muchos de nosotros es difícil concebir la profundidad de gozo, de maravilla, de alivio y de agradecimiento que se sienten los israelitas cuando, de pie en tierra firme en la orilla oriental del Mar Rojo, ven la destrucción completa de sus enemigos por la fuerza de Jehová.
         Pocos entre nosotros hemos vivido el peso de generaciones de esclavitud, hecha más pesada todavía porque los opresores no sólo ofrecían castigos dolorosos y humillación constante a cambio de la mano de obra, sino que buscaban también la forma de exterminar su gente.
         Pocos entre nosotros sabemos del terror que se siente cuanto el opresor armado que le ha infundido miedo de por generaciones lo persigue a toda velocidad para descargarle su ira, y lo tiene acorralado en tierra con la espalda hacia el mar.  Pocos han experimentado el alivio sorprendente de verlo derrocado en el momento de su máximo esfuerzo, precisamente cuando parece que va a cumplir sus fines injustos.
         ¿Quién sabe cuántas mamas israelitas, al ver los cadáveres de los soldados egipcios entre las olas, derramaban lágrimas por reconocer el juicio justo de Jehová que se vengó de sus bebés que les fueron robados, echados a las aguas del Río Nilo?  ¿Quién sabe cuántos ancianos vieron en el ahogo de sus opresores el juicio justo de Jehová contra el ahogo de tantos hermanos, sobrinos, compañeros y aún hijos a quienes nunca conocieron por más de unos días porque sus vidas fueron robadas por los opresores egipcios?
         ¿Quién les puede culpar a los israelitas por celebrar con gran gozo la derrota decisiva de sus opresores?
         Al celebrar en canción, inmediatamente dan gloria al que ganó la victoria: Cantaré yo a Jehová (Éxodo 15:1).  Cantan los detalles de su gloriosa salvación, y lo alaban por su poder, su justicia, su santidad y su misericordia que manifestó en este rescate.  Declara con gozo el enlace personal en la salvación: Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación.  Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré (Éxodo 15:2).  Y miran hacia adelante para el cumplimiento futuro de sus promesas: Lo oirán los pueblos, y temblarán; se apoderará dolor de la tierra de los filisteos.  Entonces los caudillos de Edom se turbarán; a los valientes de Moab les sobrecogerá temblor; se acobardarán todos los moradores de Canaán (Éxodo 15:14-15).  Tu los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado (Éxodo 15:17).  Y al final de todo, alaban a Jehová por su justicia: Jehová reinará eternamente y para siempre (Éxodo 15:18).
         En respuesta María y las mujeres les animan a los hombres a continuar su alabanza cuando con panderos y danzas hacen resaltar la salvación que todo el pueblo disfruta: Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete (Éxodo 15:21).
         Y aquí tenemos el primer ejemplo de otro tema que se va a presentar por toda la Biblia: la alabanza y la adoración del pueblo de Jehová que en cánticos y oraciones poéticas dan respuesta a su maravillosa salvación.  La vamos a ver después de batallas como en el cántico de Débora en Jueces 5; la vamos a ver en respuesta a la salvación de dificultades individuales como en la oración de Ana en 1 Samuel 2.  El ejemplo bíblico por excelencia es todo el libro de los Salmos.  Y en el Nuevo Testamento continúa también por celebrar la salvación por Jesucristo (por ejemplo Lucas 1:46-55, 67-79; Apocalipsis 5:11-14).
         Hoy el apóstol Pablo nos exhorta: La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales (Colosenses 3:16).  Y si asiste a un culto en una iglesia cristiana, normalmente va a encontrar que se dedica mucho tiempo en los cánticos al Señor, celebrando como los israelitas la salvación de los opresores feroces.
         Porque nuestros opresores, aunque no se arman de lanzas y espadas como los soldados de Faraón, también nos han reducido a la esclavitud.  Hemos sentido el peso de la opresión del pecado de por generaciones.  Hemos sentido las cadenas de la esclavitud cuando queríamos salir del pecado y no pudimos.  Hemos visto la muerte perseguir y alcanzar a un familiar tras otro, robándonos de los seres más queridos.
         Y luego recibimos las buenas noticias de la salvación en Jesucristo.  Vemos que él es nuestro Redentor de la esclavitud del pecado por la sangre que derramó como sustituto en sacrificio por nosotros en la cruz.  Venció la muerte en su resurrección de entre los muertos, y por la fe en él compartimos su victoria en nuestra resurrección futura.  Y por eso cantamos y celebramos la derrota de nuestros opresores más fuertes, el pecado y la muerte, por la redención y la resurrección de Jesucristo.  Como los israelitas, celebramos la salvación de Jehová con un gozo profundo, con maravilla, alivio y agradecimiento por su derrota decisiva de nuestros enemigos.
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Éxodo 11 - 13

20/1/2012

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         En Génesis 35 en Bet-el, el patriarca Jacob dirige a toda su familia en adoración a Jehová.  Desde ese capítulo, hace más de 400 años que no vemos ningún acto de adoración que incluye a todos los israelitas.  Ahora en Éxodo 11 – 13 estamos por ver uno inolvidable, de tanta importancia que va a iniciar el calendario de los israelitas, va a marcar un paso decisivo en su formación como nación, y será celebrada continuamente por los descendientes de Israel aún hasta el día de hoy.
         Primero, note que la primera Pascua es una manifestación del conflicto entre el poder de la palabra y de la justicia de Jehová y el poder de la palabra y de la injusticia de Faraón como vimos ayer.  Faraón decretó: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva (Éxodo 1:16) y luego: Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida (Éxodo 1:22).  Años después, por su siervo hebreo que había preservado aún en medio de la casa de Faraón, Jehová le decretó a Faraón: Israel es mi primogénito.  Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito (Éxodo 4:22-23).  Ahora Jehová vuelve a enfatizar este conflicto entre dos autoridades cuando dice: Yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo Jehová (Éxodo 12:12).  En la noche de la Pascua, estamos por ver quién verdaderamente tiene poder para imponer su palabra.
         Segundo, note que se revela en mucho más detalle uno de los temas principales de toda la Biblia, un tema que vimos primero en Génesis 3 por Adán y Eva y luego con Abraham e Isaac en Génesis 22: el sacrificio de un sustituto por la preservación de la vida.  Note que la descripción en Éxodo 12 se enfoca en la importancia de la sangre como la evidencia del sacrificio: Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto (Éxodo 12:13).  La sangre tiene una parte esencial en la celebración de la primera Pascua y en casi todos los sacrificios que vienen.  Como nos dice el Nuevo Testamento: Casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión (Hebreos 9:22).  No hay redención de la esclavitud, no hay perdón de pecados, no hay purificación, no hay propiciación de la ira justa de Jehová contra el pecado, no hay libertad ni una vida en comunión con Dios, si no hay sangre.
         Tercero, note cuánto espacio se dedica a las instrucciones por la Pascua y su celebración anual en comparación con la narrativa del evento mismo.  La muerte de los primogénitos se resume en un solo versículo (Éxodo 12:29); el descubrimiento por los egipcios en otro (Éxodo 12:30).  Echan a los israelitas de Egipto en solo tres versículos (Éxodo 12:31-33), y en cinco versículos más, todos han marchado del país.  Nos cuenta cuán rápido sucedió todo, en una sola noche.
         Pero también hay largos pasajes de explicación sobre la preparación del cordero y la sangre, quiénes pueden participar en la comida y quiénes no, la consagración de los primogénitos futuros y la instrucción de las próximas generaciones en el significado de su celebración.  Toda esta explicación nos revela otro tema principal de toda la Biblia: la instrucción de las generaciones futuras para que anden según la justicia de Jehová igual como sus antepasados.  La Biblia nos cuenta historias impresionantes, pero su intención nunca es sólo informarnos o entretenernos sino enseñarnos a guardar los mandamientos de Jehová y entrenarnos en cómo andar en una relación viva y agradecida con él.  Y en unos días, vamos a entrar una sección de la Biblia donde resalta este propósito instructivo más que cualquier otra parte que hemos visto en las últimas tres semanas de lectura.
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Éxodo 6:28 - 10:29

19/1/2012

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         ¿Se acuerda de que desde las primeras páginas de la Biblia, uno de sus temas principales es la justicia de Jehová revelado en su gobierno justo?
         Desde el primer versículo, hemos visto la justicia de Jehová manifestada en su creación de los cielos y la tierra, en su imposición de límites en las fuerzas destructoras de la naturaleza, en la delegación de su autoridad en la tierra a los seres humanos y en su juicio por el diluvio.  La hemos visto en su castigo de los pecadores… y en su misericordia en aceptar un sustituto por sus vidas, aún en la provisión de ese sustituto.  La hemos visto en su pacto con Abraham y sus descendientes, manejado por gracia y con el deseo de bendecir a todas las naciones.  Por el ejemplo de José y sus hermanos, hemos visto su examinación de los corazones de los hombres para revelar lo escondido.  Y hoy vemos otra característica de nuestra lista en crecimiento de la justicia de Jehová: tiene poder para imponerla a pesar de la resistencia de sus enemigos.
         Uno puede tener lindas ideas sobre la justicia, pero si no tiene poder para imponerlas, su justicia es débil e ineficaz, puras imaginaciones.  Jehová, en cambio, no sólo proclama la justicia sino que la impone también.  Y la lectura para hoy da uno de los ejemplos inolvidables en la Biblia de cómo impone su justicia a pesar de la oposición.
         Acuérdese que ayer dijimos que ha surgido un conflicto entre el poder de la palabra de Jehová y el poder de la de Faraón.  La palabra de Faraón tiene poder para hacer gemir a los israelitas; sus hechiceros también saben convertir sus varas en serpientes, y pueden reproducir algunos de los milagros que hacen Moisés y Aarón.  Pero el poder de la palabra de Jehová la supera: se extiende a las aguas, la tierra y los cielos (las tres partes de la creación en Génesis 1).  Toca el cuerpo humano formado a su imagen, aún los cuerpos de sus enemigos mismos (Éxodo 9:11).  Se manifiesta de acuerdo con la distinción declarada en el pacto (Éxodo 8:22-23; 9:4-7, 26; 10:23).  Es completo y perfecto (Éxodo 8:31; 9:7; 10:15).  Jehová 9, Faraón 0.
         Y la justicia de Jehová no hace tregua con el enemigo; no da lugar a una justicia en competencia.  Faraón insiste en poner condiciones en la salida de los israelitas; Jehová no acepta ninguna.  Insiste en que su redención de su pueblo sea perfecta y completa.
         Mientras lee sobre las plagas, maravíllese sobre el Dios justo cuya justicia se impone a pesar de la resistencia de sus enemigos.
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Éxodo 4 - 6:27 y Salmo 56

17/1/2012

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         Hay varias dificultades en mandar a Moisés a Egipto.  Primero, hay que contestar todas sus dudas.  Segundo, le pide la bendición de su suegro para volver.  Tercero, Jehová le asegura de que todos los que buscaban su vida han muerto.  Luego se resuelve la negligencia de Moisés en circuncidar a su hijo, y después se reúne con Aarón.  Y cuando llegamos al final de capítulo 4, parece que todas las dificultades han sido superadas: Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo señales delante de los ojos del pueblo.  Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron (Éxodo 4:30-31).
         ¡El pueblo dirigido en adoración a Jehová!  Eso es lo que deseamos ver.  Seguramente todo va a seguir adelante, viento en popa.
         En realidad, ¿quién entre ellos se habría imaginado en ese momento que las dificultades verdaderas ni habían empezado?
         Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así… (Éxodo 5:1)  ¡Tanta confianza en el plan y la palabra de Jehová!
         Pero la respuesta de Faraón es muy reveladora y prepara lugar por todo lo que va a pasar en los próximos 11 capítulos: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? (Éxodo 5:2)  El hombre más poderoso del planeta no simplemente va a doblar rodilla a la mera mención de un nombre, aún menos si es el nombre del Dios de unos esclavos.  Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel (Éxodo 5:2).
         Pero Faraón no simplemente dice que no.  Ve que es más que una petición por unos días de vacaciones.  Esos esclavos no piden adorar a un dios egipcio sino el Dios suyo.  Piden lugar para obedecer y adorar una autoridad distinta a las que reconocía el trono egipcio.  Y si esos esclavos numerosos se sienten una libertad y un alivio en adorar al suyo, si empiezan a identificarse y a obedecer una autoridad distinta a la de sus gobernantes egipcios, si empiezan a encontrar una legitimidad por medio de su propia organización religiosa, ¿en qué se va a parar, sino en una rebelión?
         Entonces, no sólo les dice: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo?  Volved a vuestras tareas (Éxodo 5:4).  Como ellos empezaron su petición por decir: Jehová el Dios de Israel dice así… (Éxodo 5:1), Faraón quiere enseñarles quién verdaderamente tiene autoridad en Egipto: Y mandó Faraón aquel mismo día… (Éxodo 5:6)
         Y según parece, la palabra de Faraón es mucho más eficaz que la palabra de Jehová.  Se agrava la esclavitud de los israelitas, e inmediatamente gimen del dolor.  Se quejan públicamente de la autoridad de Moisés y Aarón, y aún Moisés mismo tiene que clamar a Jehová: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo?  ¿Para qué me enviaste?  Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo (Éxodo 5:22-23).  Faraón 1, Jehová 0.
         Pero a pesar de que la situación ha deteriorado de mal a peor, note un detalle muy importante.  Moisés no se desespera.  No reconoce en Faraón una autoridad superior ni aún comparable con Jehová; clama a Jehová con la seguridad de que Él es más poderoso que Faraón, sólo que está confundido porque Jehová no actuó como esperaba.
         Note también que Jehová responde a la fe de Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra (Éxodo 6:1).  En una respuesta que subraya cinco veces su nombre, Jehová confirma su pacto, sus promesas y la obra nueva que está por hacer.  Y luego, la lectura termina con la genealogía de Aarón como recordatorio de su legitimidad como representativo de Jehová aún en estos tiempos cuando parecía que tenía ningún poder ni autoridad.
         Y al terminar esta lectura, debemos reflexionar: ¿A quién clamamos en medio de las dificultades?  Cuando se presentan contratiempos y especialmente cuando nos oprimen las injusticias, ¿cómo reaccionamos?  ¿Nos consumimos en ansiedades, preguntándonos cómo podemos manipular o convencer a las autoridades que nos causan dolor?  ¿O vemos que el mejor uso de nuestro tiempo es el arrodillarnos y clamar de corazón al Todopoderoso?
         Que el ejemplo de Moisés aquí, el primero de muchos de Moisés en la oración, nos anime a presentar nuestras peticiones a Jehová también.
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Éxodo 1 - 3 y Salmo 141

17/1/2012

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         [Note que hay dos entradas del blog hoy: una sobre la nueva unidad de Éxodo 1 – 18 y una sobre la lectura misma.]
         El libro de Génesis termina con mucha bendición.  La familia de Jacob está en crecimiento de acuerdo con las promesas de Jehová de multiplicarla como las estrellas del cielo.  Se han reunido todos con el hijo que fue separado de la familia hace décadas.  Tienen la aprobación de Faraón y sirven de bendición a su nación.  Jehová por su gracia ha obrado en los corazones de los 12 hijos para disciplinar y madurarlos.  Viven en una buena tierra.  Pero hay una inconformidad que se revela en las últimas dos palabras del libro: En Egipto (Génesis 50:26).  Aunque viven unidos en una buena tierra, no es la que Jehová les prometió.  El pacto de Jehová con ellos todavía no se ha cumplido.
         Jehová ya le informó a Abraham del tiempo de espera en que iba a vivir su descendencia antes de poder radicarse en Canaán: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años (Génesis 15:13).  Le dijo la razón por la cual tenía que esperar: Aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí (Génesis 15:16).  E hizo referencia a su plan para llevarla a la tierra de la promesa otra vez: También a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza (Génesis 15:14).  Ahora en la primera sección del libro de Éxodo se van a poner en acción estas pruebas y promesas.
         Mientras lee, ponga atención especial en la revelación del nombre de Jehová (Éxodo 3:13-15).  Como dice: Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos (Éxodo 3:15).  El nombre Jehová, tomado de: YO SOY EL QUE SOY, expresa su existencia sin dependencia en la creación y sin límite ni cambio por el tiempo.  A la vez expresa que es excelso sobre la creación y así siempre era, siempre es y siempre será.
         Y este hecho debe ser glorioso para los israelitas porque Jehová declara que su nombre, su propia identidad, está enlazado con ellos: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros (Éxodo 3:15).  Fuera de cualquier límite puesto por la creación o el tiempo, siempre era, es y será el Dios fiel a su pacto por gracia con Abraham, Isaac y Jacob.
         Y como Jesús va a subrayar en el Nuevo Testamento, nuestro andar con la fidelidad y existencia eterna e incambiable de Jehová no se limita a la vida terrenal.  Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?  Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Mateo 22:31-32).  Es decir, aunque Abraham, Isaac y Jacob habían muerto siglos antes de la declaración de Éxodo 3:15 que Jesús cita aquí, Jehová declaró su nombre como tiempo presente o constante (“Yo soy”), indicando una comunión continua con los tres aunque su vida terrenal ya se había acabado.  Es Jehová, excelso sobre la creación y sin cambiar ni ser limitado por el tiempo, siempre fiel a su pacto… y sus escogidos andan en una relación viva con él sin límite de tiempo, aún sin límite de la vida terrenal.
         Por eso el apóstol Pablo puede declarar confiadamente: Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38-39).  Conoce lo que significa el nombre Jehová y celebra nuestro enlace con él por gracia por medio de la fe en Jesucristo.
         Con esto en mente, preste atención al uso del nombre Jehová en el Antiguo Testamento; va a aparecer más de 6000 veces y a veces con otros títulos y descripciones que van a revelar más y más de su gloria.  Note que en estas lecturas de la primera parte de Éxodo, lo vamos a ver con su fidelidad y la redención.
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Éxodo 1 - 18 (la tercera unidad de la Biblia)

17/1/2012

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         ¡Felicidades en terminar la segunda de 20 unidades para leer toda la Biblia!  Espero que su lectura de Génesis 12 – 50 haya sido de mucha bendición.  Acuérdese de algunos de los temas principales que van a ser importantes en la lectura de todo el resto de la Biblia:
         1.  El pacto de Jehová con Abraham
         2.  La gracia de Jehová
         3.  Su provisión de un sustituto en sacrificio por uno
         4.  Por gracia Jehová disciplina y transforma a sus escogidos
         5.  Por gracia examina y prueba sus corazones
         6.  Por gracia les da la profecía para edificar, exhortar, consolar, enseñar y guiar a su pueblo en arrepentimiento para que disfruten el cumplimiento futuro de sus promesas.
         ¡Impresionante!  Cuando la consideramos junta con la primera unidad, ¿quién habría pensado que Dios tenía tanto por enseñarnos en un solo libro de la Biblia?
         Ahora continuamos a la tercera unidad de la Biblia: Éxodo 1 – 18, una unidad de sólo 6 lecturas según el calendario, del 17 al 22 de enero.  Mientras la leen, noten las observaciones siguientes:
         1)  Los eventos principales de la unidad: Jehová redime a Israel de la esclavitud en Egipto.
         2)  Los atributos de Jehová que resaltan: Su poder para juzgar, su fidelidad
         3)  La obra principal de Jehová: La redención de su pueblo escogido y el juicio a Faraón
         4)  Los participantes principales: Moisés, Aarón y su generación
         5)  La referencia principal a Jesucristo y el evangelio: El sacrificio de la Pascua.  En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo nos va a decir: Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros (1 Corintios 5:7).
         6)  Observación clave: Si los esclavos hebreos hubieran tomado armas y levantado en rebelión contra los egipcios, ¿cuántos del pueblo escogido habrían muerto?  ¿Habrían ganado, o se habrían hundido aún más profundamente en la esclavitud?  ¿Habrían sido exterminados?  Si hubieran ganado su libertad por su propia fuerza, ¿quién los habría dirigido, y a dónde?  Al ver la redención de los israelitas por el poder impresionante de las plagas y los milagros de Jehová, debemos impresionarnos también por su preservación cariñosa y misericordiosa de su pueblo.  Cuando Jehová lucha por Israel, están protegidos y no deben temer nada.
         ¡Que Jehová bendiga su lectura de la nueva sección!
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Génesis 48 - 50 y Salmo 28

16/1/2012

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         En la lectura para hoy, el último del libro de Génesis, tenemos un pasaje largo (casi todo el capítulo 49) del género bíblico llamado la profecía.  Vamos a definir la profecía de acuerdo con la explicación del apóstol Pablo en 1 Corintios 14.
         Primero dice: El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3).
         1)  El que profetiza habla a los hombres…  En el versículo que sigue, 1 Corintios 14:4, Pablo especifica quiénes son estos hombres: Edifica a la iglesia.  Es decir, la profecía primero que todo es para la comunidad de la fe.  Pronto veremos que sí, puede ser dirigida para los incrédulos también, pero su público principal es la comunidad de la fe.  (Por ejemplo, Génesis 49 se dirige a los hijos de Jacob, no a sus vecinos egipcios.)
         2)  …para edificación…  Es para edificar, dar crecimiento y madurar a los oyentes en su relación con Jehová.  La profecía puede hablar de gran destrucción y condenación, pero sólo a los que se oponen a la justicia de Jehová.  Edifica a los que viven por fe de acuerdo con su justicia.
         3)  …exhortación…  La exhortación completa tiene tres pasos:
             a) retrata la situación presente del oyente para clarificarla según la vista de Dios y para comunicarle al oyente que está mal;
             b) retrata la situación correcta en que debe andar el oyente en justicia; y
             c) le anima a hacer los cambios para dejar la situación a) y entrar en la situación b).
         4)  …consolación…  La profecía consuela al que sufre por seguir el camino de la justicia de Jehová y le exhorta a continuar adelante por el poder de Jehová a pesar de las dificultades del tiempo presente.
         También explica Pablo: Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros (1 Corintios 14:24-25).
         1.  Si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto…  La profecía, aunque dirigida sobre todo a la comunidad de la fe, se puede dirigir a los incrédulos también.
         2.  …es convencido…  El oyente ahora entiende que ha pensado y actuado en desacuerdo con la justicia de Jehová.
         3.  …es juzgado…  Por la profecía reconoce que es culpable por su injusticia, que merece el castigo y la condenación de Dios por sus pecados.
         4.  …lo oculto de su corazón se hace manifiesto…  Sus pecados escondidos y los motivos perversos con que los seguía ahora son manifestados a la luz.  Note que esta profecía puede ser declarada a incrédulos o a miembros de la comunidad de la fe que andan en injusticia.
         5.  …postrándose sobre el rostro, adorará a Dios…  El propósito de la profecía es el arrepentimiento de los oyentes y su restauración a los caminos de Dios.
         6.  …declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.  La profecía es una manifestación de la presencia de Jehová con su pueblo.
         Poco después, Pablo señala algunos aspectos más de la profecía: Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.  Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados (1 Corintios 14:30-31).  Note tres observaciones más sobre la profecía:
         1.  Si algo le fuere revelado a otro…  La profecía se distingue de otros dones espirituales como la enseñanza por incluir la revelación: el Espíritu de Dios le revela algo al que profetiza que no es accesible por la lógica, la preparación, la simple observación o la repetición de alguna lección.  No quiere decir que la revelación es ilógica ni mística, sino que tiene su origen inmediato en Jehová y es transmitido por el que habla.
         2.  …calle el primero…  El que profetiza no entra en éxtasis.  Está en control completo de sí mismo.  Puede hablar o al momento se puede callar sin ningún problema.
         3.  …para que todos aprendan…  Además de las funciones de edificación, exhortación, consolación y convicción de pecado como vimos arriba, la profecía también enseña: le comunica al pueblo de Jehová cómo es Él y cómo relacionarse con Él en fe y obediencia.
         Y vamos a ampliar la definición de la profecía de Pablo en 1 Corintios 14 un poco más por identificar otra característica que a veces tiene y que sí, aparece en Génesis 49: la profecía exhorta a los oyentes por revelar el futuro.  Note bien que la profecía nunca revela el futuro sólo para informar o dar alguna satisfacción intelectual a los oyentes sino que habla del futuro siempre para exhortarles que actúen de acuerdo con la justicia de Jehová.  Al hablar del futuro, la profecía quiere impactar la vida diaria presente de los oyentes.
         Y con estas intenciones profetiza Jacob en Génesis 49: Por una revelación de Jehová sobre el futuro de la comunidad de la fe, Jacob desea enseñar, edificar, exhortar y consolar a sus hijos y las generaciones que los van a seguir para que eviten el pecado y anden en la justicia de Jehová en preparación por el cumplimiento de sus promesas.  Mientras esperan, la repetición de esta profecía va a recordarle a la comunidad de fe de la presencia continua de Jehová con ellos y la fidelidad con que va a cumplir sus promesas.
         Con esta definición como brújula que nos señala el norte, vamos a repasar Génesis 49 brevemente para ver algunas de las profecías que destacan.
         Rubén (Génesis 49:3-4): Note la diferencia entre su potencial en versículo 3 y lo que ha perdido según versículo 4 por ser impetuoso y por su pecado sexual descrito en Génesis 35:22.  Aunque es el primogénito, no recibirá la primogenitura (como confirma 1 Crónicas 5:1-2).
         Simeón y Leví (Génesis 49:5-7): Reciben una reprensión por su violencia en extremo al vengarse de la deshonra de Dina en Génesis 34.  También se les revela las consecuencias de su pecado: Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel (Génesis 49:7).  Los descendientes de Simeón van a recibir una heredad cuando vuelven a Canaán, pero con el tiempo van a perder su identidad y serán asimilados en la tribu de Judá.  Los descendientes de Leví serán esparcidos en Canaán pero de forma honrosa; como veremos en el libro de Éxodo, van a ser la tribu sacerdotal de Israel.
         Judá (Génesis 49:8-12): Lo compara con un león por su fuerza noble y su capacidad de despertar el temor y la admiración de sus enemigos.  Revela que el cetro, representando el reino, continuará con Judá hasta la llegada de uno identificado como Siloh (una palabra difícil de traducir del hebreo; entre varias opciones, posiblemente un nombre que significa “el que da paz” o posiblemente “el a quien [el reino] pertenece”), y los pueblos congregarán a él.  Dice: Atando a la vid su pollino (Génesis 49:11), un símbolo raro porque uno no ata los pollinos a las vides… ¡las van a comer!  Tampoco se lavan los vestidos en vino (Génesis 49:11).  Pero lo que nos quiere comunicar Jacob es que los productos comunes de la agricultura en esa región (las uvas, el vino, la leche) van a ser producidos en tanta abundancia y dentro de tanta prosperidad, que no le importará a uno si un pollino come una vid, porque las vides de calidad están en todas partes, y el vino va a ser tan común y corriente como el agua.
         Zabulón (Génesis 49:13): Su prosperidad en la mercancía por el mar va a ser semejante a la prosperidad de Sidón, uno de los puertos más famosos de la antigüedad.
         Isacar (Génesis 49:14-15): Tiene fuerza, pero por su flojera tendrá que utilizarla para servirle a otros.
         Dan (Génesis 49:16-17): Será pequeño, pero peligroso para los que parecen más fuertes que él como la víbora puede derrumbar al jinete en un caballo.
         Tu salvación esperé, oh Jehová (Génesis 49:18).  En medio de la profecía quiere recordarles Jacob a sus hijos que todo lo que les revela viene por la gracia de Jehová en su salvación, no por recompensa por sus esfuerzos.
         Gad (Génesis 49:19): Sufrirán derrota, pero eventualmente vencerán.
         Aser (Génesis 49:20): Producirá en abundancia de una calidad digna de reyes.
         Neftalí (Génesis 49:21): Disfrutará una gracia fina en su educación y sabiduría.
         José (Génesis 49:22-26): Acuérdese que José recibe la primogenitura que perdió Rubén, las dos porciones de la heredad dividida igualmente entre todos los hijos.  Una porción de la primogenitura recibirá su hijo Efraín y la otra, Manasés de acuerdo con su “adopción” y bendición por Jacob en Génesis 48.  Note que la profecía enfatiza la prosperidad a pesar de persecución severa y entra en alabanza a Jehová que por gracia protege y prospera a José, al punto de hacer referencia a las bendiciones eternas que recibirá.  Se expresa como uno que encuentra que las palabras son insuficientes para captar las maravillas de Jehová y las bendiciones que reparte a su escogido.
         Benjamín (Génesis 49:27): Como Judá fue comparado con león, Benjamín es comparado con lobo, pero en un sentido positivo.  Arrebata la presa y como tiene más que suficiente, la reparte a sus hermanos.
         Por estas palabras de su antepasado Israel, sus hijos y los descendientes después de ellos iban a ser enseñados, edificados, exhortados, consolados y convencidos de sus pecados para el arrepentimiento en los años de espera antes de volver a la tierra de Canaán.  Aún serviría de recordatorio y profecía para los años después.  Se debían acordar que aunque Jacob y los demás patriarcas han fallecido, su Dios no los iba a abandonar: iba a relacionarse con ellos por gracia y por fidelidad al pacto, y ellos debían responder en devoción manifestada en justicia.
         Así cerramos nuestra lectura de la época de los patriarcas y el libro de Génesis, con la mirada hacia las manifestaciones futuras de la gracia de Jehová a su pueblo escogido.
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Génesis 44 - 47

15/1/2012

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         Otro aspecto más de la justicia de Jehová es que sabe probar los corazones de los seres humanos para revelar lo que tienen a escondidas (Jeremías 17:9-10).  José refleja este atributo de Jehová cuando prueba los corazones de sus hermanos en un examen impresionante en todos sus detalles.
         Primero, la acusación de ser espías es muy astuta.  ¿Por qué viajan tantos hombres juntos sin sus mujeres, sin sus hijos?  Inmediatamente los espanta y los pone a la defensa.  Y fíjese en lo que dicen para defenderse: Todos nosotros somos hijo de un varón; somos hombres honrados (Génesis 42:11).  ¿Hombres honrados?  ¿Así se van a defender delante del hermano a quien vendieron a la esclavitud?  (Claro, sin saber que es él.)
         Cuando José insiste que son espías, revelan más información, y allí caen en la trampa: Tus siervos somos doce hermanos (Génesis 42:13).  Uno, dos, tres, cuatro… aparentemente sólo son diez.  ¿Y dónde están los dos hermanos que faltan, señores espías que ni saben contar bien?  He aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece (Génesis 42:13).  ¡Oh, ya veo!  Uno se quedó en casa, y el otro simplemente desapareció, ¿verdad?  Parece una mentira inventada al momento para cubrir la diferencia entre los diez presentes y los doce que dijeron que son: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías (Génesis 42:14).
         José presenta su primer plan: En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí.  Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías (Génesis 42:15-16).  ¡Un plan excelente!  El supuesto “hermano” vendrá sin ver ni entrevistar a los otros y tendrá que identificarlos bien con el conocimiento que hay sólo entre hermanos.
         Entonces José los puso juntos en la cárcel por tres días (Génesis 42:17).  Que conozcan la desesperación que uno se siente en el fondo de una cisterna sin saber cómo va a salir.  Que mediten bien en la conexión entre lo que hicieron a José y lo que les está pasando ahora.
         Y que vean la gran diferencia entre su encarcelamiento de José y el del gobernador egipcio a ellos: Yo temo a Dios (Génesis 42:18).  ¿Se dan cuenta los hermanos cómo se habrían actuado diferentemente ese día si hubieran temido a Dios?
         Si sois hombres honrados… (Génesis 42:19).  ¡Cómo deben haber entrado esas palabras como una espina a la conciencia!  Quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa. [¡Qué misericordia!]  Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis.  Y ellos hicieron así (Génesis 42:19-20).
         ¡Y los hermanos entendieron la lección!  Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia (Génesis 42:21).
         Luego en Canaán los hermanos, específicamente Judá pasa la segunda parte de la lección.  Primero, Jacob se desespera y resiste toda tentativa de mandar a Benjamín a Egipto.  Rubén sólo propone tonterías: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti (Génesis 42:37).  (¿Será tan tonto para pensar que el alma de su papá se va a consolar con la pérdida de otro hijo por matar a dos nietos también?)  Mientras toda la familia discute en un círculo que no tiene resolución, entra a hablar un Judá cambiado.
         Es un Judá experimentado en la humillación y el quebrantamiento.  Su falta de integridad fue revelada a todos.  Probablemente experimentó más fuerte que los otros el dolor de la conciencia herida esos tres días en la cárcel en Egipto: quería también matar a José, pero luego promovió su venta a la esclavitud (Génesis 37:26-27).  Judá no sólo vio el dolor de su padre por todos esos años de lamento de la pérdida de José sino que también perdió a una esposa y a dos hijos.  ¿Cuántas veces se quedó despierto en las noches, preguntándose si la muerte de sus dos hijos fue alguna recompensa por lo que hizo a José?  Conoce la desesperación de su padre acerca de Benjamín: como Jacob, hizo todo lo posible para preservarle la vida al único que le quedaba.  Si alguien podía entender el temor, la angustia y el dolor de Jacob, era Judá.  Y él se presenta para encargarse de Benjamín.
         Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.  Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta.  Si no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre (Génesis 43:8-9).
         Jacob manda a Benjamín entonces.  Siempre pensando en los regalos para apaciguar la ira de otro, le manda al gobernador de Egipto lo mejor de la tierra (pero esta vez, no en forma excesiva).  Les bendice, pero se prepara por lo peor: El Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín.  Y si he de ser privado de mis hijos, séalo (Génesis 43:14).
         Los hermanos vuelven a Egipto ansiosos y atentos a demostrar la honradez y la justicia en todo.  Se sorprenden al ver que son invitados a una comida.  Y no sólo eso sino que son sentados en orden de nacimiento: Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro (Génesis 43:33).  ¿Quién nos puso a los once en orden así? se preguntan sin hablar.  Alguien los conoce y va dirigiendo todo el convivio.  Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos (Génesis 43:34).  Posiblemente no se dan cuenta los hermanos, pero es otro examen.  ¿Cómo van a actuar cuando se demuestra la preferencia obvia a uno de ellos?  ¿Se van a quejar?  ¿Tener celos?  ¿Discutir?  Gracias a Dios pasan el examen: Y bebieron, y se alegraron con él (Génesis 43:34).
         Pero les queda un examen más.  ¿Cómo van a reaccionar cuando alguien quiere separar de ellos al preferido de su papá?  Lo entregaron con ganas por veinte piezas de plata hace años.  ¿Volverán a Canaán contentos con su dinero escondido esta vez, dejando al preferido en Egipto como hicieron a José?  Responde una familia cambiada, y en especial a un Judá cambiado: Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos.  Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven?  No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre” (Génesis 44:32-34).
         El examen descubre su corazón cambiado, uno que desea sacrificarse por el bien del hermano preferido y por su papá antes de verlos sufrir, una actitud completamente distinta a la de hace años cuando vendió a José.  Hombres honrados no son, pero hombres arrepentidos y cambiados, sí.  Y pronto van a ser hombres perdonados y bendecidos: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.  Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros (Génesis 45:4-5).
         En el Antiguo Testamento habrá otros reyes y profetas con discernimiento dado por Dios en los corazones de los hombres: Samuel, que va a ungir al hijo menor de Isaí como rey (1 Samuel 16:6-13); Natán, que va a comunicar la convicción del pecado al rey David por una parábola (2 Samuel 12:1-14); Salomón, que tiene que identificar a la madre verdadera de un bebé (1 Reyes 3:16-28); Daniel, que también va a interpretar el sueño de un rey y aún le va a informar lo que soñó (Daniel 2).  Pero tal vez ninguno hace un examen tan detallado, extendido y revelador de los corazones de un grupo como el de José a sus hermanos.
         Y todos estos varones de Dios son simplemente un reflejo del que conoce perfectamente los corazones: Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre (Juan 2:24-25).  Yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras (Apocalipsis 2:23).  Jesús demuestra el discernimiento perfecto, amplio, profundo, acertado y eficaz.
         Que el Señor Jesús nos dé discernimiento y la sabiduría para probar corazones para que su justicia se manifieste en el gobierno de nuestras familias, lugares de trabajo, comunidades e iglesias.  Y que encuentre que nuestros corazones sean arrepentidos y agradecidos por su gracia también.
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Génesis 41 - 43

14/1/2012

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         Hace unos 12 días que leímos Génesis 2 y dijimos que uno de los temas principales de toda la Biblia es el gobierno justo de Dios sobre toda la creación, ¿recuerda?  Dijimos también que el puesto del ser humano era gobernar toda la tierra de acuerdo con la justicia de Jehová y en sumisión a su autoridad.  Ahora en los últimos capítulos del libro de Génesis tenemos un ejemplo de algunos que lo hacen bien.
         Inquietado por los sueños, el hombre más poderoso de la tierra en ese entonces no sabe cómo responder hasta que escuche la interpretación de un humilde, olvidado encarcelado hebreo.  Note bien como José subraya desde el principio: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón (Génesis 41:16).  Luego repite: Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer (Génesis 41:25).  Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón (Génesis 41:28).  Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla (Génesis 41:32).
         Faraón responde de acuerdo con el justo gobierno de Dios y le da al escogido de Dios amplia autoridad para gobernar justamente y en sumisión a él: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?  Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú.  Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.  Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto (Génesis 41:38-41).  Note la autoridad amplia con una sola prohibición, ¡exactamente como Jehová había dado a Adán!
         De acuerdo con los tiempos revelado por Dios en los sueños de Faraón (acuérdese que Jehová en su justicia pone límite a las fuerzas destructoras de la naturaleza: el hambre, aunque severo, tendrá límite de siete años), José empieza a gobernar con integridad y en justicia.  Y la bendición de su gobierno justo alcanza a todas las naciones: Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre (Génesis 41:57).
         Aquí en José y Faraón tenemos un ejemplo de lo que Jehová ha querido desde el principio:
         1.  el escogido por Dios que gobierna con amplia autoridad pero siempre en sumisión a su autoridad mayor,
         2.  que gobierna en integridad y de acuerdo con la justicia de Dios,
         3.  que gobierna para el bien de todas las naciones.
Y su gobierno será para la gloria de Dios, como José les dirá a sus hermanos al final del libro: Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo (Génesis 50:20).
         Que Dios reciba la gloria mientras gobernamos nosotros también con integridad y en justicia dentro de la extensión de nuestra autoridad: en nuestras familias, en los lugares de trabajo, en nuestras comunidades y sobre todo en las iglesias.  Que tomemos decisiones sabias de acuerdo con la justicia de Dios.  Que trabajemos en concierto con las autoridades que Dios ha puesto encima y alrededor para bendición de mucho pueblo.
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Génesis 37 - 40 y Salmo 123

13/1/2012

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         En la lectura para hoy tenemos dos personas en contraste.
         Primero considere a José, aborrecido por sus hermanos por el favoritismo de su papá y por sus sueños de superioridad.  Segundo piense en Judá, que promueve el rechazo de su hermano y su venta a la esclavitud.
         En la lectura para hoy los dos salen del círculo familiar y entran en el mundo de los extranjeros: José es puesto entre los egipcios a fuerzas y Judá, de su propia voluntad, entra en el mundo de los cananeos.
         Bajo prueba, José demuestra integridad… pero por guardarla, tiene que sufrir injustamente.  Judá tiene libertad y parece que disfruta algo de éxito financiero y social entre los cananeos, pero al final de capítulo 38 su falta de integridad se hace notable a todos.
         Dos patriarcas que pasan por pruebas entre extranjeros, y al final de la lectura, los dos están en vergüenza… pero uno con su integridad intacta y el otro, no.
         ¿Qué se revela en nuestras vidas cuando estamos fuera del círculo familiar?
         Cuando nos toca sufrir la vergüenza, ¿cuáles son las razones por ella en nuestras vidas?
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    Rev. Ken Kytle, pastor de la Iglesia bautista La fe en Cristo cerca de Atlanta, Georgia, EEUU.

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