Doy gracias a Dios por el poder escribir y subir al calendario todas las explicaciones de las lecturas desde Génesis hasta Job. (Hagan clic en las lecturas del calendario "¡Empiece hoy!" para leerlas.) Incluyen nuevas y editadas explicaciones de las lecturas de 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester. Ahora se han completado 224 explicaciones, o 61% de las 365 explicaciones de la Biblia. En un documento son más de 500 páginas, más de 250.000 palabras de explicación para entender mejor la palabra de Dios. Que Dios reciba toda la gloria y permita la escritura de las explicaciones que faltan. Por favor mantengan este proyecto en oración. Add Comment En la página de los videos encontrará un nuevo enlace para los libros de 1 y 2 Samuel. Incluyen los primeros tres videos que examinan estos libros fascinantes versículo por versículo. Dios mediante, espero subir nuevos videos poco a poco, semana por semana hasta cubrir los dos libros completamente. Por favor oren por este proyecto y también por la subida de las explicaciones por toda la Biblia. ¡Espero que el año 2013 sea de gran crecimiento en su conocimiento de Dios por la lectura diaria de su Palabra! Acuérdese de visitar la página "¡Empiece hoy!" y de hacer clic en las lecturas azules para los enlaces a las explicaciones de las lecturas bíblicas. Doy gracias a Dios por poder subir explicaciones por 6 lecturas más. Las de Génesis 12 - 15 Éxodo 33 - 34 y Deuteronomio 22 - 24:7 completan todas las explicaciones de las lecturas entre Génesis 1 y 1 Crónicas 12. Las de Mateo 24 - 25 (la explicación más larga en todo el sitio web) Mateo 26 - 27 y Mateo 28 completan las explicaciones del evangelio de Mateo. Por favor oren por este proyecto para que Dios mediante, termine las explicaciones por todas las lecturas en 2013. Doy gracias a Dios por poder añadir hoy el servicio de búsqueda a todo el sitio web. En la parte de arriba de todas las páginas puede escribir la palabra o la cita bíblica de su búsqueda, y al hacer clic en "search" (buscar) le va a poner en lista todas las veces que aparece en el sitio web. ¡Qué bien, porque las explicaciones de la Biblia ya han llegado a casi 500 páginas de libro! Espero que les ayude mucho en sus investigaciones de la Biblia. También encontrarán arriba un enlace directo a nuestro canal de YouTube. Por favor oren por una serie de videos de estudio sobre todo 1 y 2 Samuel que deseo subir, empezando en las próximas semanas. Doy gracias a Dios por poder completar hoy el calendario diario de lecturas hasta el final de 2016 por todos los que desean leer la Biblia cada año empezando el primero de enero. Si uno desea empezar su lectura de la Biblia cualquier otro día del año, todo el calendario está bajo la página "Empiece hoy". De nuevo, que Dios les bendiga en sus esfuerzos de leer y entender su palabra. En resumen: Jesús resucita de los muertos y, con toda potestad en el cielo y en la tierra, manda a sus discípulos a hacer discípulos a todas las naciones. En más detalle: La confusión, la oposición, el engaño y aún la muerte no pudo derrocar al Ungido de Jehová; vence a todos por su muerte obediente y su resurrección. Mientras sus discípulos reciben las noticias consoladoras y gloriosas de su resurrección (Mateo 28:5-10), sus enemigos vuelven al engaño para intentar a negar la obra gloriosa de Jehová (Mateo 28:11-15). El evangelio de Mateo se cierra con unos versículos culminantes para encaminar a los discípulos y a todos los lectores / oyentes hacia su segunda venida. Empieza con la reunión en Galilea: Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban (Mateo 28:16-17). Note que Jesús no los deja en la duda; se les acerca y les habla (Mateo 28:18). La profecía clave de Daniel 7 dice: Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Daniel 7:13-14). En cumplimiento de esta profecía, Jesús les notifica a sus discípulos: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra (Mateo 28:18). ¡El plan de Jehová para las naciones se ha cumplido en Jesucristo! Y ahora manda a sus discípulos a comunicar esta victoria a todas las naciones hasta que su reino sea consumado en toda la tierra: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones (Mateo 28:19). La restricción anterior: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:5-6), ahora ha sido superada debida a la nueva autoridad de su Señor: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra (Mateo 28:18). Y les indica cómo preparar a nuevos discípulos: Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (Mateo 28:19-20). Su discipulado empieza con el bautismo y continúa mientras aprende y pone en práctica todo lo que Jesús ha enseñado. Note que Jesucristo se identifica claramente con los atributos de la Deidad en estos versículos. Primero, tiene toda potestad. Segundo, se iguala al Padre y al Espíritu Santo según la declaración del bautismo del discípulo: Bautizándolos en el nombre [singular] del Padre, y del Hijo, y del Espíritu [plural] (Mateo 28:19); los Tres son Uno en todos los atributos asociados con el nombre divino. Tercero, en vez de mandar que sus nuevos discípulos guarden todas las cosas que el Padre ha mandado, dice: que guarden todas las cosas que os he mandado (Mateo 28:20); la autoridad de su palabra iguala la del Padre. Y cuarto, es omnipresente, un atributo que sólo tiene Jehová: He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Adonde sea que vayan y cuándo se vayan, Él estará presente con ellos. En tres versículos cortos tenemos una declaración gloriosa del cumplimiento del nuevo reino del Ungido, profetizado en Daniel 7:13-14 y otros versículos del Antiguo Testamento. En resumen: Después de celebrar su última pascua con sus discípulos, Jesús es arrestado y crucificado. Durante todo, Jesús anda en conformidad con los planes establecidos por su Padre. En más detalle: Al terminar la última enseñanza extendida del evangelio de Mateo en capítulos 24 y 25, Jesús dirige a los discípulos otra vez a la razón principal de su venida a Jerusalén: Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado (Mateo 26:1-2). El juicio divino contra el templo en Jerusalén y su segunda venida son para el futuro; hay eventos mucho más urgentes para cumplir. Es impresionante notar que Jesús anda en conformidad completa con su Padre celestial aun cuando sus enemigos no desean: Tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo (Mateo 26:4-5). Los eventos a continuación demuestran que el Padre celestial y Jesús están en control completo de la situación, no sus enemigos. La unción de Jesús en Betania resulta ser un punto decisivo en el transcurso de la historia. Otra vez Jesús habla de su muerte, pero en términos aún más concretos: Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura (Mateo 26:12). Parece que la realidad carnal impactó a Judas Iscariote – Jesús no habla de reinar ni vencer sino de ser enterrado. No nos describe ninguna deliberación interior; Judas simplemente se mueve al beneficio económico de la situación: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? (Mateo 26:15) Jesús está en control aún de los detalles de la pascua (Mateo 26:17-19). La traición que viene no lo toma de sorpresa sino que le indica a Judas mismo lo que va a suceder (Mateo 26:21-25), e informa a los discípulos que lo van a abandonar y negar (Mateo 26:31-35). Pero subraya para los discípulos el significado de los eventos que están por suceder: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados (Mateo 26:28). Estudiamos el pacto en detalle en las lecturas del pacto de Jehová con Abraham en Génesis 12– 15 y 16 – 18:15; otra vez le hicimos referencia cuando Jehová entra en pacto con todo Israel en Éxodo 19 – 24 y al ver el pacto con David en 2 Samuel 7. Básicamente, el pacto sella formalmente una relación por gracia que ya existe, una relación iniciada por el amor de Dios en que le regala beneficios al creyente; por agradecimiento, éste le responde en fe, obediencia y devoción. El pacto asegura el cumplimiento continuo de esta relación y, por una ceremonia notable, la sella por el derramamiento de sangre. Así señala Jesús el significado de su crucifixión, para que estemos en un nuevo pacto con el Padre, sellado con su sangre, que incluye la remisión de los pecados. Pero la crucifixión no será el fin de Jesús: Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre (Mateo 26:29). La realidad del nuevo pacto por la sangre de Jesús que remitió nuestros pecados celebramos en la Santa Cena, siempre con la mirada hacia el futuro cuando la celebremos junto con Él en el reino de su Padre. La oración en Getsemaní (Mateo 26:36-46) nos da una vista íntima a la angustia de Jesucristo en seguir el plan del Padre por nuestra salvación. También le enseña al discípulo verdadero cómo debe responder a la persecución de que le informó en Mateo 10:16-22, 28, 34-39; 23:34 y más recientemente en 24:9-13: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil (Mateo 26:41). Tiene que evitar el ejemplo de Pedro que no ora y niega al Señor tres veces (Mateo 26:40, 43, 69-75); también tiene que evitar una respuesta en violencia como hizo un discípulo (Mateo 26:52; no identificado en este evangelio). Fortalecido en oración con el Padre, Jesús sigue en voluntaria sumisión al Padre. Se entrega a los que vienen a arrestarlo: He aquí que ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; se acerca el que me entrega (Mateo 26:45-46). Reprende al discípulo que respondió en violencia: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirán las Escrituras, de que es necesario que así se haga? (Mateo 26:53-54) Y enfrente de la injusticia nefanda de la situación, Jesús siempre vuelve al plan de su Padre revelado en su palabra: Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas (Mateo 26:55-56). Cuando falla el falso testimonio sobre Jesús, el sumo sacerdote le dice: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios (Mateo 26:63). Toda la confusión y la oposición en crecimiento por todo el libro han llegado a su colmo. Jesús responde por exaltar su gloria en medio de la confusión y la oposición por identificarse otra vez con la profecía sobre el Hijo del Hombre de Daniel 7, igual como hizo con los discípulos en el monte de los Olivos en Mateo 24:30. Una diferencia importante es que Mateo 24:30 habla de la vista al Hijo del Hombre en poder como una percepción futura; aquí en Mateo 26:64 anuncia Jesús que se está cumpliendo: Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo (Mateo 26:64). ¡Es el punto culminante! En vez de someterse gozosamente al dominio justo de Jehová, el sumo sacerdote rebela contra Dios y adelanta los eventos que culminarán en la crucifixión de Jesucristo… a la vez encaminando a Jesús hacia su gloria redentora y sellando su propia condenación por rechazarlo. Después de que Jesús es entregado para ser crucificado, note que Mateo por lo general no se concentra en el dolor ni la sangre ni el aspecto emocional y visual de la tortura de Jesús. Más le llama la atención la burla de Jesús por símbolos reales, una burla que expresa su rechazo total de Jesús como el Cristo: Desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza (Mateo 27:28-30). La burla continúa con el letrero puesto sobre la cabeza, los insultos de los que pasaban y el escarnio de los principales sacerdotes, los escribas, los fariseos y los ancianos y aún los ladrones que estaban crucificados con Él. Pero por otro lado, algunos ejercen la fe devota a Jesús, y serán recordados por el evangelio: El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (Mateo 27:54). Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 27:55-56). Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús (Mateo 27:57-58). Estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro (Mateo 27:61). Y en medio del escarnio y la devoción humilde, en sumisión al plan de su Padre celestial por nuestra redención, Jesús muere. Hasta el final guarda en mente el cumplimiento de la Sagrada Escritura: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46) No sólo es una declaración de angustia sino una cita del Salmo 22:1, un salmo que expresa proféticamente la desesperación de la crucifixión de Jesucristo… y su vindicación por Dios para su gloria. De nuevo, sus enemigos intentan a manejar los eventos de acuerdo con su propia ventaja: Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos (Mateo 27:64). Y terminamos la lectura para hoy con una tumba asegurada, sellada y guardada, todo con la intención de quitar la autoridad, el dominio y la gloria del Ungido de Jehová. En resumen: Jesús prepara a sus discípulos por la destrucción del templo y su segunda venida. En más detalle: Jesús ha decretado el juicio contra la religión hipócrita que encontró en el templo: 1) Como parábola de juicio, maldijo la higuera en Mateo 21:19. 2) Les anunció a los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo: El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él (Mateo 21:43). 3) En la parábola del rey que hizo fiesta de bodas a su hijo, les contó de la reacción del rey afrentado: Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad (Mateo 22:7). 4) Juzgó la hipocresía de los fariseos y anunció: He aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mateo 23:34-36). 5) Jesús lamenta el juicio que vendrá sobre la ciudad y anuncia: He aquí vuestra casa os es dejada desierta (Mateo 23:38). Pero estando allí entre tanta gente, con la realidad del día presente, los planes para los días próximos y la seguridad que se sentían al caminar entre las piedras grandes que forman el templo, los discípulos no han captado el significado del juicio que acaba de anunciar Jesús: Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo (Mateo 24:1). Según Marcos 13:1, están impresionados con el tamaño de las piedras y la arquitectura impresionante que se habían levantado. Pero con una profecía de un versículo, Jesús los despierta del sueño: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada (Mateo 24:2). Más tarde, cuando están en el monte de Olivos, probablemente con el templo a la vista, le preguntan a Jesús: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? (Mateo 24:3) [Antes de continuar, note que hay muchos cristianos devotos, sabios y bien preparados en la palabra de Dios que elaboran interpretaciones muy diferentes de los versículos que siguen. Mi intención no es criticar ninguna de esas teorías sino presentar con humildad lo que me parece la interpretación más lógica para un lector de esa época que del Nuevo Testamento sólo tiene enfrente el evangelio de Mateo. Luego, deseo ver cómo esta interpretación nos impacta el día de hoy, concentrando sólo en la lectura que tenemos delante.] La puntuación de la traducción española Reina Valera 1960 sugiere que los discípulos preguntan por tres cosas: 1) ¿Cuándo serán estas cosas? 2) ¿qué señal habrá de tu venida? 3) ¿y [qué señal habrá] del fin del siglo? Hay que acordarse de que en el griego de esa época, no hubo puntuación para indicar las comas que utilizamos hoy. Creo que una lectura más natural del griego encuentra dos preguntas aquí: 1) ¿Cuándo serán estas cosas? 2) y ¿qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? Así lo han interpretado los editores de la Nueva Versión Internacional también, sin coma entre las palabras “venida” y “y del fin del…” Por eso, entiendo que la respuesta de Jesús cubre dos temas principales: 1) cuándo serán estas cosas, es decir, la destrucción del templo que anunció en versículo 2 en que no se quedará piedra sobre piedra, y 2) qué señal habrá de su venida, una venida que incluye también el fin del siglo. Primero que todo, Jesús les dice a sus discípulos: Mirad que nadie os engañe (Mateo 24:4). Acuérdese de la confusión que ha seguido el ministerio de Jesucristo por casi todo el libro, una confusión en que han caído los discípulos a veces. No se va a acabar con su crucifixión y resurrección. Además, será una confusión agresiva cuando llegan algunos como lobos vestidos de ovejas: Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán (Mateo 24:5). Encima de esto, los eventos mundiales van a indicar un gran cambio como el fin del siglo: Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin (Mateo 24:6). Es decir, estos eventos preocupantes mundiales no serán evidencia de la llegada del fin, y los discípulos no deben perder su tiempo en preocuparse por esa conexión. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores (Mateo 24:7-8). El fin verdadero será mucho más impactante que lo que indican esos eventos. Entonces os entregarán a tribulación (Mateo 24:9). Note que la tribulación es la experiencia del discípulo; Jesús no les prometió a sus discípulos una vida sin tribulación. Y su experiencia será más severa: Y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre (Mateo 24:9). Mucho más llamativa que los eventos mundiales será la experiencia personal de persecución por seguir a Jesús. Los discípulos van a experimentar la traición y el engaño: Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos (Mateo 24:10-11). Hasta se sentirá la falta de dos características esenciales del reino de Dios, la santidad y el amor: Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará (Mateo 24:12). Por eso, Jesús presenta el tema principal que desea que sus discípulos guarden en toda esa confusión y tribulación, el tema principal que va a elaborar en todo capítulo 24 y 25: Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo (Mateo 24:13). El verdadero discípulo de Jesucristo tiene que prepararse de antemano para perseverar en la fe y el amor a su Señor a pesar del engaño agresivo y la confusión que engendra, la persecución que termina en la muerte y la falta de santidad y amor en su iglesia. Tiene que perseverar porque así hará su Señor también: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin (Mateo 24:14). Como el Señor no va a abandonar el anuncio del evangelio a pesar de la tribulación, la persecución, la confusión, la inmoralidad y la soberbia en el mundo sino que lo empoderará para que sea predicado a todas las naciones, así su verdadero discípulo va a perseverar activa y poderosamente en la fe sin tropezar por los obstáculos alrededor. Ahora que Jesús ha destacado la actitud que tienen que guardar sus discípulos a estos eventos, contesta la primera pregunta de los discípulos: ¿Cuándo serán estas cosas? (Mateo 24:3), la pregunta en referencia a la profecía de Jesús: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada (Mateo 24:2). La contesta por una referencia profética: Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (Mateo 24:15). La abominación desoladora se describe en Daniel 8:13; 9:27; 11:31; 12:11 en conexión con el rey del norte que profanará el santuario y sobre quien será derramada la destrucción. La profecía fue cumplida en 167 a.C. cuando Antíoco Epífanes conquistó Jerusalén, prohibió los sacrificios judíos en el templo y levantó un altar por sacrificios paganos. Esta situación continuó por tres años hasta que Judas Macabeo tomó control de Jerusalén de nuevo, purificó el templo y reinstituyó los ritos judíos (France, R.T, The Gospel of Matthew, New International Commentary of the New Testament; 2007: Grand Rapids, Eerdmans, pág. 911). Aunque la profecía de Daniel se ha cumplido, Jesús hace referencia de la abominación desoladora como algo futuro que sus discípulos van a ver. Es decir, esta profecía de Daniel tiene un cumplimiento múltiple. Como hemos visto en las profecías acerca de Jesucristo (por ejemplo de Isaías 7:14 en Mateo 1:22-23), su Presencia y su enseñanza reconfiguran las profecías del Antiguo Testamento y las llenan con un nuevo significado y aplicación. ¿A qué refiere la abominación desoladora, entonces? Una referencia editorial nos dice: El que lea, entiende (Mateo 24:15), otra referencia a Daniel: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin… pero los entendidos comprenderán (Daniel 12:9-10). El discípulo que persevera igual como Daniel le va a pedir sabiduría de Dios para poder entender estos eventos. Y en el evangelio de Lucas se revela su significado: Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado (Lucas 21:20). Es una referencia a la campaña militar romana en los años 67-68 d.C. para aplastar la rebelión judía en la Palestina que, después de ser suspendida en 68-69 d.C. por la guerra civil en Roma, se reinició en el año 69 y se culminó en el sitio de Jerusalén y la destrucción entera de la ciudad y el templo en 70 d.C. Note que aquí habla Jesús de una destrucción local: Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes (Mateo 24:16). La llegada de las tropas paganas (menos de 40 años después de que la describió Jesús) va a ser tan rápida que no habrá tiempo para contemplarla: El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa (Mateo 24:17-18). Todos, hasta los más vulnerables, serán expuestos al terror venidero: Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! (Mateo 24:19) Cuando los discípulos levantan peticiones en anticipación de ese evento, no deben pedir que no ocurra – ya se ha decidido que va a ocurrir – sino que encuentren alguna misericordia en sus esfuerzos para escaparlo: Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo (Mateo 24:20; note que uno no quiere que sea en día de reposo, no porque tendría que quebrar algún mandamiento que restringe la distancia que puede viajar sino porque sería mucho más difícil encontrar el alimento y la ayuda que necesitan mientras no hay mercados en camino). El peligro, terror y sufrimiento de esos días para los discípulos no tendrán comparación: Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Mateo 24:21). También serían intolerables si no fuera por la misericordia de Dios: Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los elegidos, aquellos días serán acortados (Mateo 24:22). Como hemos visto en muchas profecías del Antiguo Testamento, cuando se descarga el juicio de Dios, Él será fiel para proteger a los suyos aunque sufrirán gran tribulación. En esta revelación, Jesús vuelve al tema de la perseverancia en medio de la confusión y el engaño agresivo: Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos (Mateo 24:23-24). Que se mantengan preparados para no ser engañados: Ya os lo he dicho antes (Mateo 24:25). De aquí Jesús empieza a enseñar la diferencia entre su llegada según los falsos profetas y su llegada verdadera: Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre (Mateo 24:26-27). Su venida será rápido, claramente visible a todos y notable: Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas (Mateo 24:28). Note que Mateo 24:26-28, y sobre todo versículo 27, es un paréntesis en que Jesús brevemente pone de lado su profecía sobre la destrucción de Jerusalén para señalar algunas características de su segunda venida. Ahora en versículo 29 vuelve al tema de la destrucción de Jerusalén, un tema que dejó incompleto – todavía no ha hablado de la destrucción del templo mismo; sólo ha hablado del engaño agresivo, de la abominación desoladora y la gran tribulación que van a sufrir los discípulos al huir de este evento local. Vuelve a este tema al decir: Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (Mateo 24:29), los días cuando huyen del sitio de Jerusalén. Luego dice: El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas (Mateo 24:29). Aquí Jesús declara en símbolos proféticos del Antiguo Testamento la caída violenta de una época y el inicio de una nueva. Acuérdese de que los leímos en Isaías 13 cuando profetizó de la caída de Babilonia: He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes (Isaías 13:9-11). El cosmos se disuelve también cuando Jehová juzga a todas las naciones, específicamente a Edom: Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera. Porque en los cielos se embriagará mi espada; he aquí que descenderá sobre Edom en juicio, y sobre el pueblo de mi anatema (Isaías 34:4-5). Ezequiel levanta endechas por Faraón por los mismos símbolos: Cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz. Haré entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por ti, y pondré tinieblas sobre tu tierra, dice Jehová el Señor (Ezequiel 32:7-8). El día de Jehová juzga a los israelitas en la plaga de langostas en la generación del profeta Joel: Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor… El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová (Joel 2:10, 31). El mismo desorden cósmico anunciará el juicio de Jehová contra Israel en la época del profeta Amós: Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro (Amós 8:9). Será seguido por la lamentación personal: Y cambiaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo lomo, y que se rape toda cabeza; y la volveré como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo (Amós 8:10). Por los mismos símbolos proféticos, Jesús anuncia el juicio de Dios contra la religión hipócrita del templo que había denunciado detalladamente en Mateo 21 – 23: El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas (Mateo 24:29). Todo el sistema religioso asociado con el templo será derrocado por el juicio justo de Dios. Será remplazado por una nueva época centrado en Jesucristo, no en el templo: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (Mateo 24:30). Este versículo no refiere a la segunda venida de Jesucristo a la tierra sino al acercamiento del Hijo del Hombre al Anciano de días en el cielo en Daniel 7: He aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Daniel 7:13-14). La destrucción del templo será la vindicación de que ha sido superado por el reino de Jesucristo, el Hijo del Hombre que desde el cielo ejerce dominio sobre todas las naciones a la diestra del Padre (France, The Gospel of Matthew, 924). La reacción de las tribus de la tierra cumple la profecía de Zacarías: Mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén (Zacarías 12:10-11). En Mateo 24:30 refiere específicamente a las tribus de Israel en la tierra prometida, y lamentan el hecho de que el Hijo de Hombre a quien han rechazado ahora ha sido entronado como el Ungido de Jehová por excelencia (France, The Gospel of Matthew, 924-25). Si entendemos que las palabras “en el cielo”modifican al “Hijo del Hombre” en vez de “la señal” para indicar de dónde reina, la señal del Hijo del Hombre es la destrucción del templo en Jerusalén (France, The Gospel of Matthew, 926). Este cumplimiento de sus decretos de juicio en Mateo 21 – 23 demuestra que reina en lo alto. Luego: Enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro (Mateo 24:31). Así describe el anuncio del evangelio con poder a todas las naciones, la comisión con que terminará el libro de Mateo. Así la religión centrada en el templo será superada por la devoción centrada en Cristo Jesús. Jesús confirma la respuesta que les ha dado a los discípulos por su pregunta: ¿Cuándo serán estas cosas? (Mateo 24:3) De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca (Mateo 24:32-34). Y en menos de 40 años, los eventos que profetiza serán cumplidos. Por eso insiste: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24:35). Luego Jesús cambia de tema para contestar la segunda pregunta de los discípulos: ¿Qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? (Mateo 24:3). Mientras Jesús pudo decir que la destrucción de Jerusalén ocurriría en esa misma generación, contesta sobre su segunda venida: Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre (Mateo 24:36). Además, va a ocurrir con una rapidez que no admitirá ninguna señal: Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre (Mateo 24:37-39). La abominación desoladora servirá de señal para la destrucción de Jerusalén – aunque no habrá tiempo para descender de la azotea para sacar algo de la casa, todavía habrá tiempo para reconocer la señal y correr. Pero no habrá tal señal para la segunda venida de Jesucristo: Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada (Mateo 24:40-41). Estarán trabajando en los quehaceres diarios sin sentir ningún peligro ni ansiedad – de repente, uno será llevado. Note que Jesús no nos dice adónde será llevado ni para qué, si es por juicio o por protección – sólo quiere indicar la rapidez y la falta de anticipación con que va a ocurrir. Por eso insiste en la lección que va a subrayar con las parábolas que siguen en todo capítulo 24 y 25: Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor (Mateo 24:42). Porque no habrá señal, el verdadero discípulo necesitará estar preparado en todo momento. Así enseña Jesús en la parábola que sigue: Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis (Mateo 24:43-44). ¿Cómo estarán preparados los discípulos? Por servir diligentemente a sus consiervos: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá (Mateo 24:45-47). Y los discípulos tendrán que guardarse de la tentación de servirse a sí mismos y sus placeres carnales por la aparente falta de supervisión y vigilancia de parte de su Señor: Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes (Mateo 24:48-51). Jesús explica la preparación de los discípulos por las tres parábolas de Mateo 25. En la parábola de las 10 vírgenes (Mateo 25:1-13), Jesús insiste que la preparación sea hecha con anticipación; cuando llegue la hora, no habrá tiempo para prepararse. También, la preparación es individual; no se puede depender de la preparación de otros cuando llegue ese día. Note también que termina con la misma lección que declaró en Mateo 24:42: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mateo 25:13). En la parábola de los tres siervos y los talentos (Mateo 25:14-30), Jesús expande la lección sobre la preparación individual con anticipación. Será una inversión de todo lo que ha recibido para el beneficio del Señor, y como las inversiones, será de largo plazo. Los esclavos fieles van a ser premiados; los negligentes recibirán castigo. Pero, ¿cómo será esta inversión? ¿Qué exactamente se va a invertir? La parábola de las ovejas y los cabritos en Mateo 25:31-46 la explica. El discípulo verdadero pone en evidencia su fe firme en Jesús por servir diligentemente a sus hermanos necesitados. En servirles a ellos, le han servido a Jesucristo mismo. En resumen, la respuesta de Jesús a las preguntas de los discípulos (¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?) hace mucho más que satisfacer una curiosidad intelectual. Prepara a los discípulos a perseverar en medio de engaños agresivos, tribulación y persecución. Confirma la fe en su palabra por predecir la destrucción de Jerusalén y el dominio universal del Hijo del Hombre. Les informa que no habrá señal antes de su segunda venida, y por eso les entrena en la inversión diligente y a largo plazo en el reino por aliviar el sufrimiento físico de sus hermanos necesitados. Si hemos leído correctamente Mateo 24 – 25, encontraremos no sólo la satisfacción intelectual sino la reconfirmación en la fe manifestada en una perseverancia en la doctrina sana sobre Jesucristo y un servicio diligente y constante a nuestros hermanos necesitados en la fe. Que escuchemos también las palabras: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor (Mateo 25:21, 23). En resumen: Jesús, el Ungido de Dios e Hijo de Dios, entra en el templo como el Rey manso descrito por las profecías de Isaías 62:11 y Zacarías 9:9. Pero en vez de encontrar la clase de religión que ha descrito desde Mateo 5 en adelante, encuentra la hipocresía y un rechazo completo de su dominio. En más detalle: Al leer Mateo 21 – 23, no pase por encima del hecho de que estos eventos pasan en Jerusalén y en el templo. No se le olvide de la historia de esta ciudad central en la relación entre Jehová y su pueblo. Acuérdese de que esta ciudad de los jebuseos no fue conquistada completamente hasta que el recién ungido rey David, el antepasado de Jesucristo, la conquistó hace siglos en 2 Samuel 5:3-9 (Josué 12:7, 10; 15:63; Jueces 1:8, 21). Acuérdese que el sitio del templo fue determinado por el rey David cuando vio que en la era de Arauna jebuseo, Jehová detuvo la mano del ángel destructor y oyó las súplicas de su pueblo para terminar la plaga (2 Samuel 24:11-25; 1 Crónicas 21:14 – 22:1). Piense en la maravillosa construcción del templo y la oración de Salomón en agradecimiento por lo pactos mosaico y davídico, dedicando el templo como el lugar donde Jehová escucharía la oración de su pueblo y perdonaría sus pecados (1 Reyes 5 – 8; 2 Crónicas 3 – 7). Acuérdese también de la respuesta de Jehová: Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días… Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; yo cortaré a Israel sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí (1 Reyes 9:3, 6, 7). Piense en el gozo del pueblo de Jehová en Jerusalén en el Salmo 48. Piense también en el abandono del templo por la gloria de Jehová en Ezequiel 8 – 11 y la destrucción de ese lugar sagrado por los caldeos y los pecados del pueblo de Jehová según 2 Reyes, 2 Crónicas, Jeremías, Lamentaciones y Ezequiel. Acuérdese de la pasión por ver su reconstrucción en Esdras, Hageo y Zacarías. Lleve a la mente otra vez las profecías de Isaías, Ezequiel, Hageo y Zacarías sobre su restablecimiento como el punto sagrado de la relación entre Jehová y su pueblo. A ese lugar sagrado y profundamente significativo llega Jesucristo, el Ungido de Dios, en Mateo 21 – 23. Note que Jesús ha visitado Jerusalén en otras ocasiones durante su ministerio público (en Juan 2:13-14 y 7:10-14, por ejemplo), pero es la primera vez que Mateo lo menciona allí. Nos ha preparado por su llegada a la ciudad en 16:21 y 20:17-19, pero ha pasado por encima de sus otras visitas. Quiere que nosotros los lectores nos fijemos en la importancia de su entrada y los capítulos siguientes como el colmo, el desarrollo completo, del ministerio público de Jesucristo. Además, por su lugar en la Biblia al principio del Nuevo Testamento, podemos verlos como un paso decisivo en el plan de Dios por la salvación de todo su pueblo que abarca ambos testamentos. Ese punto decisivo señala Mateo cuando describe la entrada de Jesucristo a la ciudad como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga (Mateo 21:5), una combinación de Isaías 62:11 y Zacarías 9:9. ¡El Rey viene en paz para ejercer dominio sobre su pueblo santo! Pero la recepción a su llegada es escandalosa. Una gran parte de la población de Jerusalén no sabe quién es (Mateo 21:10); y otra parte lo reconoce como un profeta solamente, no como rey (Mateo 21:11). ¡Todavía predomina la confusión de los capítulos anteriores acerca de la identidad y el ministerio de Jesús! Entra el templo y encuentra que los intereses económicos han superado a los espirituales; entonces, establece su justicia por echar a los mercaderes y su mercancía (Mateo 21:12-13). Y en una manifestación de misericordia incomparable con toda la historia del templo, ¡recibe a los ciegos y los cojos, y los sana (Mateo 21:14)! Las profecías sobre el reino de los cielos declaradas en Isaías 29:18 y 35:5-6 son cumplidas delante de los ojos del pueblo en el eje geográfico de su relación con Jehová. Los niños reconocen y celebran, pero los líderes del templo, los que deben dirigir al pueblo a reconocer la gloria del Hijo de David, en cambio se indignan contra Jesús (Mateo 21:15-16). Por una parte Mateo 21:17 parece un detalle geográfico: Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y posó allí. Pero por otra, vemos el escándalo en que el Rey prometido de justicia y misericordia ni tiene lugar en Jerusalén donde recostar la cabeza. De allí viene el juicio. Jesús condena la higuera, una acción simbólica de su condenación de Jerusalén (Mateo 21:18-19). Al llegar Jesús al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo lo demandan: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad? (Mateo 21:23) Jesús les hace una pregunta para que se les revele su capacidad de discernir la autoridad espiritual o no: El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? (Mateo 21:25). Por su respuesta, los principales sacerdotes y los ancianos demuestran que no son capaces ni de identificar las credenciales espirituales del hombre de mayor importancia nacido de mujer en toda la historia de su religión (Mateo 11:11; 21:27); por eso, de acuerdo con su práctica de no enseñar nueva revelación donde la previa se ha rechazado (Mateo 13:12), dice: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas (Mateo 21:27). De la respuesta vergonzosa de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se les brotan 2 capítulos y medio del juicio divino por su rechazo del Rey ungido de Dios y la hipocresía con que sostienen la apariencia de una relación verdadera con él. Jesús los denuncia por tres parábolas de juicio. Primero, la parábola de los dos hijos los denuncia por su rechazo de Juan el Bautista: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle (Mateo 21:31-32). Segundo, la parábola del dueño de la vina y los labradores malvados confirma su culpabilidad de su propia boca y por la Sagrada Escritura y decreta su condenación: Por tanto, os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él (Mateo 21:43). Tercero, la parábola del rey y los convidados desagradecidos les anuncia su fin y la obligación de todos de rendir al Rey y a su Hijo el debido respeto. Pero en vez de arrepentirse: Se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra (Mateo 22:15). Es decir, aunque vieron con sus propios ojos las señales milagrosas de la llegada del Mesías (Mateo 21:14), aunque vieron la llegada de su reino en justicia (Mateo 21:4-9, 12-13), aunque acaban de escuchar la sabiduría con que juzga a su pueblo (Mateo 21:23 – 22:14; una sabiduría más alta que la de Salomón, Mateo 12:42), responden con una incredulidad descarada por intentar a demostrar que sean más sabios que Él, que sepan gobernar y juzgar al pueblo mejor que el Ungido de Dios. Jesús les revela a todos la sabiduría insuficiente de los líderes religiosos al responderles sus preguntas sobre el tributo a César (Mateo 22:16-22) y sobre la resurrección (Mateo 22:23-33). Demuestra su conocimiento que abarca toda la ley (Mateo 22:34-40). Y les deja con una pregunta sobre la identidad del Mesías que no pueden contestar (Mateo 22:41-45). Frente a tanta sabiduría, los principales sacerdotes, los ancianos del pueblo, los fariseos y los saduceos deben responder de acuerdo por lo menos con el centurión en unos capítulos: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (Mateo 27:54). Pero se callan en el endurecimiento de su rebelión: Nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más (Mateo 22:46). Por eso se despierta un capítulo entero de denuncia contra la hipocresía y la rebelión de los fariseos. Como han recibido más revelación que todas las generaciones anteriores por poder escuchar la voz del Mesías y ver su justicia delante de sus ojos y como han rechazado y rechazarán a sus embajadores, la condenación de esos líderes será a acumulativa: Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mateo 23:34-36). Pero en medio de este juicio devastador, todavía suena la misericordia inagotable de Jehová: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor (Mateo 23:37-39). |
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