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2 Corintios 1 - 4

18/10/2011

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         Al empezar la segunda carta a los corintios, de nuevo notamos una diferencia con la carta a los romanos.  Cuando Pablo les escribió a los romanos, nunca había visitado a Roma ni se había comunicado con ellos anteriormente.  Por eso toda la carta forma una presentación íntegra y completa.  Pero cuando escribió las cartas a los corintios, se comunicaba con una iglesia que él había fundado, a gente con que había compartido muchas experiencias y a quienes había escrito otras cartas que no tenemos hoy.  Por eso, el leer las dos cartas a los corintios es como ser forastero y entrar de repente en medio de una conversación en que todos los demás se conocen bien.  Las palabras fluyen entre ellos mientras nos quedamos con las incógnitas: ¿Qué pasó?  ¿Qué discuten?  ¿A quiénes se refiere?  ¿Por qué habla así?  ¿Cómo van a responder los oyentes?  Pero gracias a Dios hay algunos temas principales que nos pueden guiar por la lectura.
         Pablo repite uno de los temas principales de 2 Corintios en 1:3-11: la consolación de Dios en medio de las tribulaciones.  Aunque nos gustaría saber lo que es, sólo podemos imaginar lo que es la tribulación que les sobrevino en Asia (2 Corintios 1:8).  De todas formas, podemos identificar que Dios los liberó en respuesta a la oración de muchos, y esta experiencia sirve para consolar a Pablo y a los corintios junto con él.  Nos enseña a estar atentos en oración a las necesidades de nuestros hermanos en Cristo, listos a gozar o a llorar junto con ellos por el amor que nos une en el evangelio.
         Pablo se preocupa en esta lectura por la reacción de los corintios a varios inquietudes que tienen.  Que no se desesperen de Pablo porque no pudo visitarlos cuando lo esperaban (2 Corintios 1:15-24).  Que se den cuenta de que el motivo de la carta previa era el amor, no el deseo de contristarlos (2 Corintios 2:1-4).  Que reciban al hermano arrepentido, y que sepan que Pablo lo ha perdonado también (2 Corintios 2:5-11).
         También se preocupa por una falsa doctrina de la justificación que ha entrado la iglesia.  Parece que algunos enseñan que uno no es justificado por fe sin las obras de la ley (como Pablo dijo en la carta a los romanos, por ejemplo en Romanos 3:28) sino por una combinación de la fe en Jesucristo junta con la obediencia a la ley.  Para combatir esta falsa doctrina, Pablo describe la diferencia entre el ministerio de la ley y el ministerio del Espíritu que la ha superado (2 Corintios 3:7-18).
         También encuentra la necesidad de explicar la falta de gloria y triunfo en su ministerio.  Pablo lleva el mensaje glorioso del evangelio y el poder del Espíritu Santo.  ¿Por qué se manifiesta tanta debilidad y sufrimiento en su ministerio, entonces?  Parece que algunos de los corintios aún menosprecian el ministerio de Pablo por sus debilidades a tal punto que él se siente la necesidad de justificarlo… ¡ante los mismos que recibieron la vida eterna por medio de su predicación! (2 Corintios 2:14 – 3:3)  Luego Pablo explica: Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros (2 Corintios 4:7).  Y les acuerda de que si desean evaluar su ministerio, tienen que hacerlo por una regla que considera lo invisible: Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18).
         En resumen, podemos decir que esta lectura refleja el corazón pastoral de Pablo.  Aquí hace el trabajo de un pastor: aconseja, consuela, enseña, explica, contesta la falsa doctrina para proteger al rebaño, justifica su ministerio a los que no lo entienden, restaura y llora porque reconoce que el destino eterno de las almas está en peligro si no responden a estas pruebas según el evangelio.  ¡Y hace todas estas acciones simultáneamente, en el mismo mensaje!  Así es la obra pastoral.  Para estas cosas, ¿quién es suficiente? (2 Corintios 2:16)  Que Dios dé fuerza, discernimiento, sabiduría, consolación, gozo y esperanza a todos los que pastoreamos, enseñamos y ministramos a su rebaño según el verdadero evangelio.
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    Autor

    Rev. Ken Kytle, pastor de la Iglesia bautista La fe en Cristo cerca de Atlanta, Georgia, EEUU.

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