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Ezequiel 34 y más

28/7/2011

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         Casi 900 años antes de Ezequiel, cuando los israelitas recibían la ley en el monte Sinaí en preparación para entrar la tierra prometida, Jehová les profetizó lo que se iba a realizar en la generación de Ezequiel: Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá.  Y los que queden de vosotros decaerán en las tierra de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos (Levítico 26:38-39).
         Pero su relación no se iba a parar en ese momento.  Su profecía continuó: Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado (Levítico 26:40-41).
         Luego prometió: Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra (Levítico 26:42).
         Los israelitas iban a pasar tiempo en el exilio, un tiempo que Jeremías señaló que sería 70 años: Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos (Levítico 26:43).
         Pero Jehová promete por sí mismo ser fiel a los israelitas aun en medio del castigo: Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abandonaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios.  Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios.  Yo Jehová (Levítico 26:44-45).
         Casi 900 años después, la fidelidad de Jehová, la fidelidad que se mantiene firme aun en medio del castigo más fuerte, ahora se manifiesta y luce en las profecías de Ezequiel.  Les llegan las noticias de la destrucción de Jerusalén a la comunidad de los exiliados en Ezequiel 33, y en este punto más bajo de la historia de Israel, parece que todo va a continuar como antes.  Capítulo 34 parece iniciar otra serie de profecías de destrucción: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! (Ezequiel 34:2)  Y sí, los primeros diez versículos de la profecía son muy fuertes.
         Pero en medio de la reprensión surge una promesa gloriosa: Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré (Ezequiel 34:11).  ¡Jehová mismo entrará a pastorear personalmente a sus ovejas!
         Y en el resto del capítulo se juntan una tras otra profecía de bendición ministradas personalmente por Jehová a su rebaño maltratado y humilde de corazón, promesas que culminan en los últimos versículos: Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor.  Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor (Ezequiel 34:30-31).
         De allí el resto del libro de Ezequiel se despega en un vuelo de profecías gloriosas que incluyen la restauración del pueblo por Jehová (Ezequiel capítulo 37); la restauración de su tierra (Ezequiel 36); la intervención de Jehová para destruir a los enemigos de Israel (Ezequiel 35, 38 y 39); el nuevo templo (Ezequiel 40 – 42); la vuelta de la gloria de Jehová al templo (Ezequiel 43; acuérdese de cómo había abandonado el templo anterior en capítulos 9 – 11); y un liderazgo purificado (Ezequiel 44) que dirige al pueblo a adorar y a vivir en santidad (Ezequiel 45 – 48).  Todas estas bendiciones de restauración, justicia y santidad se inician por la gracia de Jehová cuando dice: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré (Ezequiel 34:11).
         Mientras lee estos capítulos, no deje de pensar y glorificarle a Dios por el Prometido que dijo: Yo soy el buen pastor (Juan 10:11), el que dio su vida por las ovejas para santificarlas, el que las reúne en un rebaño bajo un pastor (Juan 10:11, 16).  Todo el cumplimiento de estas profecías se encuentra en Jesucristo, nuestro buen Pastor a quien servimos con corazones arrepentidos, perdonados y justificados por la gracia del Padre, por medio de la fe en Jesucristo y por el poder del Espíritu Santo.
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Nuevos videos - Salmo 32

27/7/2011

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         Le doy gracias a Dios por 4 videos nuevos que pude subir al sitio hoy sobre el Salmo 32, uno de los salmos penitenciales del rey David.  Que nos animen a buscar el perdón por nuestras ofensas contra Dios.
         Si desean verlos, vayan arriba a donde dice “Videos” y se va a bajar una lista; escoja “Salmo 32”y serán llevados a la página con los 4 videos.  Que sean de mucha
bendición.
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Ezequiel 24, segunda parte

26/7/2011

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         (Lea primero la otra entrada del blog hoy, del 26 de julio, sobre la primera parte de Ezequiel 24).  Si la primera parte de Ezequiel 24 nos ofendió, esta segunda lo hará también porque toca una tragedia humana, pero esta vez aún más personal.  En referencia a la esposa del profeta dice: Hijo de hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deleite de tus ojos; no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas (Ezequiel 24:16).  ¡Jehová la va a matar de repente, a la esposa que ama, y no le permite al profeta demostrar ninguna clase de tristeza!
         No se expresa nada de la lucha interna del profeta al escuchar estas noticias.  Como Abraham simplemente obedeció cuando Jehová le mandó que sacrificara a su hijo Isaac, Ezequiel solamente nos dice: Hablé al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer; y a la mañana hice como me fue mandado (Ezequiel 24:18).
         Los exiliados están acostumbrados al hecho de que las acciones raras de Ezequiel tienen un significado profético: Y me dijo el pueblo: ¿No nos enseñarás qué significan para nosotros estas cosas que haces? (Ezequiel 24:19).
         Igual como a Ezequiel se le perdió su esposa, el deleite de sus ojos, así los israelitas perderán su templo y sus hijos, el deleite de sus ojos: de un golpe, de repente por Jehová.  Y cuando les lleguen las noticias, su reacción no será el dolor de la pérdida ni el llanto por la tragedia sino el reconocimiento de la justicia de Jehová que los castigó con justicia por los pecados que cometieron y su falta de atención al arrepentimiento.
         Será para un estudio futuro el ver la muerte de la esposa de Ezequiel entre los otros sufrimientos de los profetas, un sufrimiento no por ninguna falta suya sino por identificarse con su pueblo pecaminoso.  Podemos identificar los sufrimientos de Moisés al profetizar a Israel, los sufrimientos de Elías, las lágrimas de Eliseo, lo que pasó a Jeremías, todo en anticipación de lo que iba a sufrir Jesucristo, el profeta por excelencia, por nuestros pecados.
         Ezequiel 24:27 dice: En aquel día se abrirá tu boca para hablar con el fugitivo, y
hablarás, y no estarás más mudo.  Callado en su tristeza internalizada, Ezequiel volverá a hablar y a profetizar cuando le lleguen las noticias de la destrucción de Jerusalén.  Con ese evento las profecías de la primera parte de su ministerio se cumplen.  Ahora, de capítulo 25 en adelante, se le abre una nueva época de profecías caracterizada por el juicio divino contra la soberbia de las naciones, y la salvación que Jehová va a obrar por su pueblo.
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Ezequiel 24, primera parte

26/7/2011

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         Ezequiel 24 cierra la primera sección del libro, una sección enfocada en las profecías sobre la destrucción justa de Jerusalén.  El propósito de toda esta sección es el dirigir a los exiliados para que se arrepintieran de los pecados que causaron su cautiverio y para que confiaran verdadera y exclusivamente en su Dios misericordioso.  Como hemos visto por las parábolas y las profecías hasta ahora, la manera por la cual Jehová les llama al arrepentimiento es muchas veces chocante, aun ofensiva.  Y ahora en capítulo 24 llegamos a las que tal vez nos hacen sentir una ofensa y un dolor más profundos que en cualquier otra profecía del libro.  Unas observaciones:
         La primera mitad del capítulo cuenta una de las parábolas más escandalosas del libro.  Compara Jerusalén a una olla inmunda y herrumbrosa que no será purificada hasta que sea calentada a alta temperatura.  Nos sorprende y aun nos debe enfermar la completa separación entre los símbolos de la parábola (una olla hervida a alta temperatura, los huesos y la carne y hasta la olla misma quemados) y la tragedia humana de ver su ciudad de origen devastada por el ataque militar y el fuego.  Esos huesos, esa carne… ¡son de sus familiares y sus compañeros!  Y serán consumidos en el fuego con todo el resto de la ciudad con ninguna reacción humana de parte de Dios, como si uno encendiera un fuego para preparar un caldo.
         Me acuerdo de la primera vez que vi las fotos en el internet de la destrucción de Nueva Orleans por el huracán Katrina.  Lloré amarga y profundamente.  Sólo viví en esa ciudad por un año; tenía unos pocos familiares que todavía vivían allá, pero al ver la destrucción me sentí que algo se había desgarrado en mi ser.  Fue una
tragedia más allá de la descripción por los que tenían que sobrevivirla, algo que les marcó de allí en adelante toda la vida.
         También me acuerdo de estar en Honduras pocos meses después del Huracán Mitch.  Las palabras no pueden expresar la destrucción y el sufrimiento de los
que sobrevivieron esa tragedia; diez años después las lágrimas todavía le llegan a los ojos de los que la tuvieron que vivir.
         En Ezequiel 24 tenemos esa clase de tragedia, la misma tragedia que motivó las expresiones de profundo dolor del libro de Lamentaciones, pero aquí… ¡no hay reacción humana de parte de Jehová!  La falta de humanidad en los símbolos de la destrucción de Jerusalén aun ofende.  Y Jehová subraya su reacción justa y dura al decir: Yo Jehová he hablado; vendrá, y yo lo haré.  No me volveré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré; según tus caminos y tus obras te juzgarán, dice Jehová el Señor (Ezequiel 24:14).
         Esta parábola va a provocar una de dos reacciones en nosotros (y en los exiliados): o nos vamos a alejar de Jehová, ofendidos y amargados, o lo vamos a temer más.  O nos vamos a enojar con el Dios que rehúsa ser conformado a nuestra imagen, o vamos a reconocer que es justo: no tolera el pecado, ni hace excepción de personas que lo cometen.  ¿Nos atrevemos a pecar contra el Dios que tiene que castigar el pecado con la justicia imparcial?
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Ezequiel 16 y 23

26/7/2011

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         Ezequiel 16 y 23 nos sorprenden por sus descripciones pornográficas, a tal punto que tal vez nos preguntamos si lo que leemos de veras es parte de la Biblia o no.  Unas observaciones breves:
         1)  Pocas cosas encienden la ira y el llanto profundo en un esposo / en una
esposa tanto como la infidelidad descarada de su cónyuge.  Estas parábolas con sus imágenes chocantes y desconcertantes nos hacen sentir la ira justa del Dios abandonado por su esposa, el pueblo de Israel.
         2)  Al escandalizarnos por los pecados de Jerusalén en capítulo 16 y de Ahola y Aholiba en capítulo 23, pecados que no tienen ninguna lógica posible en el trasfondo de la fidelidad de Jehová, tal vez podemos sentir mejor el escándalo de nuestros propios pecados delante la vista de Dios.
         3)  Estos capítulos sirven de recuerdo, en una sociedad inundada de
pornografía y que la ve como normal o un instrumento válido para excitarse
sexualmente, que toda clase de fornicación y adulterio es inaceptable, digna de
ser consumida bajo la ira justa de Jehová.
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Ezequiel 19

23/7/2011

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         En capítulos 21 –22 de su libro, Jeremías dio un resumen profético sobre los reinados de los últimos cuatro reyes de Judá (Joacaz, también llamado Salum; Joacim; Joaquín, también llamado Jeconías o Conías; y Sedequías).  Ahora Ezequiel va a hacer lo mismo y a la vez endechar el linaje del rey David.
         El primer versículo identifica el tema del capítulo para el profeta, pero los oyentes no saben esta información todavía.  Los oyentes empiezan a escuchar en versículo 2 una endecha que se convierte en parábola; hay una leona que: crió sus cachorros, e hizo subir uno de sus cachorros; vino a ser leoncillo, y aprendió a arrebatar la presa (Ezequiel 19:2-3).  Hasta el momento no hay nada extraño… pero el resto del versículo nos debe preocupar: y a devorar hombres (19:3).  ¡Este
leoncillo es un peligro que debe ser exterminado!  Pasó fuera de los límites del orden natural para cazar a seres humanos.
         El próximo versículo nos da la resolución: Y las naciones oyeron de él; fue tomado en la trampa de ellas (19:4).  En este momento los oyentes se tranquilizan y dejan escapar de los labios un ¡gracias a Dios!... cuando de repente el profeta les sorprende con el resto de la frase: Y lo llevaron con grillos a la tierra de Egipto
(19:4).
         ¿¡Lo llevaron con grillos a la tierra de Egipto!?  Todos los exiliados habrán reconocido la referencia a Joacaz, el hijo del amado rey Josías que reinó después de la muerte de su padre por sólo tres meses, el a quien el Faraón Necao llevó cautivo
a Egipto para acabar de allí en adelante la independencia del reino de Judá, el
evento que empezó la época de la vergüenza nacional (2 Reyes 23:31-33; 2
Crónicas 36:1-3; Jeremías 22:10-12).  Pero por la sorpresa de verlo comparado con un leoncillo que devora a hombres, ¡los oyentes se encuentran en la vergüenza de celebrar la captura y el exilio de uno de sus reyes!
         Pero el profeta no pausa: Viendo ella [la leona] que había esperado mucho tiempo, y que se perdía su esperanza (acuérdese de que Jeremías profetizó 22:10-12
precisamente para apagar esta falsa esperanza), tomó otro de sus cachorros, y lo
puso por leoncillo (Ezequiel 19:5).  Irritados ahora, los oyentes escuchan de otro rey peor (posiblemente Joacim, cuya carga tomó Joaquín también brevemente antes de sufrir el exilio en Babilonia; pero Ezequiel probablemente salta por los dos históricamente para hablar del rey contemporáneo y último, Sedequías): Y él andaba entre los leones; se hizo leoncillo, aprendió a arrebatar la presa, devoró hombres.  Saqueó fortalezas, y asoló ciudades; y la tierra fue desolada, y cuanto
había en ella, al estruendo de sus rugidos (Ezequiel 19:6-7).
         Y profetiza el juicio a ese leoncillo descontrolado: Arremetieron contra él las gentes de las provincias de alrededor, y extendieron sobre él su red, y en el foso fue apresado.  Y lo pusieron en una jaula y lo llevaron con cadenas, y lo llevaron al rey de Babilonia; lo pusieron en las fortalezas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel (Ezequiel 19:8-9).  Si están de acuerdo con el mensaje o no, los oyentes por lo menos tienen que enfrentar su significado: Jehová ha juzgado a los últimos reyes de Judá y a la sociedad que los produjo por su violencia sin límites; la destrucción venidera de Jerusalén será un acto de justicia para acabar con esos reyes desbordados.  En vez de confiar en ellos, ¡el pueblo de Jehová debe respirar más profundo, agradecido que las naciones se los hayan quitado!  Así el profeta mezcla la ironía y la endecha para despertar a los oyentes a examinar el caminar diario de los líderes en quienes confían.
         De repente el profeta cambia los símbolos: Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas (Ezequiel 19:10).  Aquí podemos acordarnos de Ezequiel 15 y el estudio que hicimos de Israel como la vid.  El profeta sigue: Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos (Ezequiel 19:11).  En el pasado había reyes justos como David y Salomón, Josafat y Ezequías, como el rey Josías a quienes Jehová bendijo: Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y el viento solano secó su fruto; sus ramas fuertes fueron quebradas y se secaron; las consumió el fuego (Ezequiel 19:12).  Y ahora en referencia al exilio sin rey en la tierra cálida de Babilonia: Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez.  Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey.  Endecha es esta, y de endecha servirá (Ezequiel 19:13-14).  Por la injusticia de esos reyes, el pueblo de Jehová ha perdido la tierra prometida y la autoridad para gobernarse a sí mismo.
         Aunque aquí termina Ezequiel 19, no lo podemos dejar sin una observación más: el profeta no refiere a leones, ni a una vid ni a cetros de reyes por accidente.  Sus símbolos y su vocabulario vienen directamente de Génesis 49:8-12 donde Jacob profetizó sobre Judá de forma muy positiva: Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos…  Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío.  Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará?  No será quitado el cetro de Judá…  Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto… 
¡El patriarca Jacob, antes de morirse, profetizó con gozo del futuro reinado seguro y de la prosperidad de Judá!  Pero más de mil años e innumerables pecados después, al llegar al fin de generaciones que se han endurecido contra la palabra de Dios, Ezequiel toma los mismos símbolos de prosperidad utilizados por Jacob y los convierte en una profecía del juicio divino, de la pérdida de gobierno, de endecha.
         Debemos pausar y reflexionar con mucha atención al reconocer que Jehová cambió los mismos símbolos proféticos entre Génesis 49 y Ezequiel 19: una profecía para bendición y prosperidad no quiere decir que Jehová va a tolerar el pecado, la
infidelidad, la violencia y la falta de atención a su palabra.  En cambio, el Señor puede quitar el candelero de la iglesia que no se arrepiente (Apocalipsis 2:5); puede condenar al justo que se ha apartado de su justicia (Ezequiel 18:24-26).  Por Ezequiel 19 vemos que la inatención al arrepentimiento puede convertir las
profecías positivas a profecías de condenación.
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Ezequiel 15

22/7/2011

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         Ezequiel compara Jerusalén a una vid (o una viña) en varias profecías; la más directa y devastadora es Ezequiel 15.
         El salmista Asaf también hizo la comparación en el Salmo 80 para notar la atención y el poder con que Jehová plantó y prosperó a Israel en la tierra prometida: Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones y la plantaste. 
Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra (Salmo 80:8-9).  ¡Cuán diferente la condición de la vid ahora!  Antes era el centro de la atención de Jehová; ahora está descuidada, aun hollada: ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el
puerco montés, y el bestia del campo la devora (Salmo 80:12-13).  Pero el salmista todavía guarda la esperanza de que Jehová la va a salvar: Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste (Salmo 80:14-15).  Aunque quemada por fuego está, y asolada (versículo 16), se mantiene firme en la seguridad de la salvación de Jehová.
         El cantar de Jehová por su viña Israel se encuentra en Isaías 5:1-7.  Esta vez no hay ninguna acusación de descuido de parte de Jehová; en cambio, él da una lista de tareas que cumplió que demuestra su atención y su deseo que produjera bien (Isaías 5:2-4).  La culpa se encuentra en los israelitas, la viña que en vez de producir
obras (o uvas) buenas produjeron obras malas: Esperaba juicio, y he aquí vileza;
justicia, y he aquí clamor (Isaías 5:7).  Por eso anuncia Jehová su juicio que viene para castigar y no malgastar más atención en su vid desobediente (Isaías 5:5-6).
         Ahora en Ezequiel 15 la situación se ha deteriorado aún más.  Ahora no escuchamos de la atención de Jehová en plantar la viña; no se vuelve a acordar de su amor por ella.  Tampoco menciona las uvas que esperaba que produjera. 
Sólo hay un tema de plática: el fuego que la quemará, porque sin mencionar su fruta, ni su madera sirve para nada.  Es completamente inútil, y por eso la viña y aún su tierra serán consumidas.
         De castigo, pero con esperanza todavía (Salmo 80), al anuncio del juicio divino, pero con diálogo todavía (Isaías 5), ahora a la condenación completa (Ezequiel 15): la comparación de Israel con la vid en estos tres pasajes bíblicos nos demuestra el declive de los corazones que se endurecen contra la palabra de Dios, que resisten con tiempo el llamado al arrepentimiento.  Jehová no alarga la hora del castigo para siempre, ni dialoga con un corazón endurecido para siempre.  Los que resisten su palabra serán condenados irremisiblemente.  Mucho mejor es orarle a él en
arrepentimiento en el tiempo en que puede ser hallado (Salmo 32:6).  Mucho mejor es arrepentirse y someterse por fe a Jesucristo, la vid verdadera, el que dijo: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:5).
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Nuevos videos

20/7/2011

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         Doy gracias a Dios por los tres videos nuevos que pude subir al sitio hoy, 3 videos que completan el estudio de 2 Timoteo 3:16-17, el que empieza en la página de inicio.
         Si desea verlos, pase a donde dice “videos” arriba, y va a bajar una
lista que dice “Salmo 1” y “2 Timoteo 3:16-17”.  Al hacer clic en éste, se abrirá la
página con los nuevos videos.
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Ezequiel capítulos 8 – 11

19/7/2011

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         Estos capítulos forman una unidad de la visión sobre el juicio de Jehová contra
Jerusalén.  Note las siguientes características típicas de la profecía:
    1) se le descubre al profeta el pecado escondido (8:5-16);
    2) Jehová decreta y pone en movimiento el juicio contra el pecado (8:17 – 9:11; 11:1-13);
    3) el profeta intercede en oración por el pueblo (9:8; 11:13); 4) Jehová anuncia su misericordia al remanente (11:14-21).
         Y junta con la profecía es la visión de la gloria de Jehová igual como la había visto junto al río Quebar en los primeros capítulos del libro.  Ahora el profeta entiende mejor los seres vivientes y su función: Conocí que eran querubines (10:20).  Igual como en capítulo 1, los querubines “transportan” la gloria de
Jehová, pero su función es más evidente aquí al llevar la gloria de Jehová paso
a paso fuera del templo inmundo.  Los querubines son el patrón celestial del arca del testimonio, dirigidos por Jehová mismo para transportar su gloria como los pies obedientes de los levitas la transportaron en el desierto.  Como los levitas llevaron la gloria de Jehová a la Tierra Prometida y eventualmente a Jerusalén, ahora el arca verdadera la transporta fuera del templo para dejar que sea consumido por el juicio
divino.
         Al leer estos capítulos hoy, queremos tener en mente las iglesias que encontramos vacías, o aún convertidas en museos, galerías de arte o teatros, iglesias donde tal vez antes moraba el Espíritu Santo en poder pero que ahora son abandonadas ambos por el Espíritu y por los verdaderos creyentes.  ¿Hasta
qué punto va a tolerar Dios el pecado en su iglesia?  Que renovemos nuestro temor a Jehová Dios y andemos en arrepentimiento y en santidad para que el candelero de nuestra iglesia no sea removido de su lugar (Apocalipsis 2:5).
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Ezequiel capítulos 4 - 7

19/7/2011

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         Acuérdese de que Ezequiel empieza a profetizar antes de la destrucción de Jerusalén en 586 a.C.  Por eso, aunque acabamos de leer de los resultados de la destrucción de Jerusalén en el libro de las Lamentaciones, en Ezequiel estamos de nuevo en los últimos años antes de ese evento.  Otra vez, como vimos en el libro de Jeremías, los profetas en el Antiguo Testamento no necesariamente quieren darnos una explicación cronológica de los eventos históricos del pueblo de Dios; en cambio, desean subrayar la justicia de Dios.  Más que el orden cronológico de los eventos, les importa hacer destacar la justicia de Jehová que no tolera el pecado sino que lo castiga.
         Entonces, mientras Jeremías profetiza a los moradores de Jerusalén, Jehová levanta a Ezequiel para los exiliados cerca a Babilonia. En su gracia, Jehová advierte a los dos grupos de su juicio que está por venir para que no haya ninguna confusión sobre la seguridad de su venida ni sobre las razones por su venida.
         Las profecías de capítulos 4 – 7 son un drama de varias escenas acompañada por explicaciones.  Mientras nosotros nos informamos de eventos lejanos por la televisión y el internet, Jehová aquí informa a su pueblo exiliado por el drama y la predicación de uno que vive muy lejos de los eventos pero que los conoce por la revelación del Espíritu Santo.  Y como toda profecía, su propósito no sólo es para informarle a su pueblo sino para llamarle al arrepentimiento, para llamarle a desechar los sueños vanos del pecado para someterse en obediencia al único Dios misericordioso.  Que estos capítulos también nos sacudan del sueño para temer con todo corazón al Dios que no apremia el pecado.
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    Autor

    Rev. Ken Kytle, pastor de la Iglesia bautista La fe en Cristo cerca de Atlanta, Georgia, EEUU.

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