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Josué 22 - 24 y Salmo 9

15/3/2012

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         Hoy terminamos no sólo la lectura del libro de Josué sino de toda la quinta parte de la Biblia sobre el acercamiento, la entrada y la conquista de la tierra prometida (Números 11 – Josué 24).  Por un mes entero hemos estudiado este tema, y hoy vemos más evidencia de la transformación de Israel.
         Note primero que todo que su transformación se basa en la fidelidad de Jehová: De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella.  Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos.  No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió (Josué 21:43-45).  Sólo podemos entender la reacción de Israel en estos tres capítulos y en toda la quinta unidad de la Biblia en el trasfondo de la gracia de Jehová.
         Ahora podemos entender estos últimos capítulos.  Note que Josué les felicita a los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés por su obediencia y su fidelidad: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado.  No habéis dejado a
vuestros hermanos en este largo tiempo hasta el día de hoy, sino que os habéis
cuidado de guardar los mandamientos de Jehová vuestro Dios (Josué 22:2-3).  Note que hemos leído cinco años de la conquista de la tierra sin escuchar ninguna queja de este grupo que dejó a sus familiares al otro lado del río Jordán para participar en la conquista de la tierra por el beneficio de sus hermanos.  Por los hechos han apagado cualquier duda que tuvo Moisés sobre ellos en Números 32.  Por eso, vuelven a su tierra en triunfo: Bendiciéndolos, Josué los despidió, y se fueron a sus
tiendas…  Les habló diciendo: Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, y bronce, y muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos (Josué 22:6, 8).
         Inmediatamente sucede algo que casi hace estallar una guerra civil: Llegando a los límites del Jordán que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia (Josué 22:10).  Cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos (Josué 22:12).
         Antes de lanzarnos en una crítica de los dos grupos por esta crisis, queremos dejar que hablen.  Note primero que la preocupación de las nueve tribus y media es la relación de todo Israel con la santidad de Jehová.  Se acuerdan de la lección de Madián y Baal-peor sobre la santidad abrasadora de Jehová (Números 25; Josué 22:17; felizmente, ¡han internalizado la instrucción histórica de Moisés por producirla cuando la necesitan!)  Se acuerdan que aún el pecado de un hombre puede maldecir a toda la nación igual como el pecado de Acán causó una derrota de todo el ejército (Josué 7; 22:20).  No se sienten una enemistad contra sus hermanos del otro lado del río; en cambio, les invitan a pasar a vivir entre ellos si desean (Josué 22:19).  Pero en su celo por la santidad de Jehová, no quieren que un pecado de las dos tribus y media cause una plaga en todo Israel.
         Las dos tribus y media contestan con una declaración de fe que expresa la exclusividad de su adoración a Jehová: Jehová Dios de los dioses, Jehová Dios de los dioses (Josué 22:22).  Ellos son igual de celosos por la santidad de Jehová que sus
hermanos.  Su preocupación es que la brecha geográfica enorme que forma el río Jordán llegue a formar una brecha insuperable entre las tribus, dejándolos a ellos fuera de la adoración a su Dios, separados de sus hermanos igual que sus vecinos los moabitas, los amonitas y los edomitas.  Finees y la delegación de las nueve tribus y media se quedan satisfechos (Josué 22:30-34).  La diplomacia celosa por la santidad de Jehová ha salvado el país de la guerra civil.
         En capítulos 23 y 24, Josué da un discurso de despedida a Israel parecido al de Moisés en todo el libro de Deuteronomio pero mucho más breve, sin la profecía y sin nombrar a ningún sucesor.  Incluye un resumen histórico de la gracia de Jehová (Josué 24:2-13), las bendiciones y las maldiciones por obedecer el pacto (Josué 23) y por eso, una exhortación en el tiempo presente para seguir a Jehová (Josué 24:14-15).
         El pueblo responde por confirmar las palabras de Josué y su obediencia al pacto en reconocimiento de su santidad abrasadora (Josué 24:16-24).  Reconfirman el pacto delante de Jehová en Siquem (Josué 24:25-28), el mismo lugar donde Jehová primero le prometió a Abraham la tierra (Génesis 12:5-7).
         Se cierra el libro de Josué, los hechos de esta generación y la quinta unidad de la Biblia con esta reconfirmación del pacto y con el entierro de tres líderes: Josué, Eleazar y los huesos de José (Josué 24:29-33).  Sirven como tres monumentos a la fidelidad de Jehová por sus generaciones y del hecho que: No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió (Josué 21:45).
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Josué 18 - 21

14/3/2012

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         Ahora los israelitas han sojuzgado la tierra al punto que el tabernáculo puede establecerse en un lugar seguro, en Silo (Josué 18:1).  Pero no todo anda bien: Habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión.  Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres? (Josué 18:2-3)
         ¿Por qué existe esta negligencia?  En parte puede ser por costumbre.  Han pasado casi toda su vida en el desierto.  Se han acostumbrado a vivir en tiendas, no en ciudades.  Saben criar a ganado; la gran mayoría de ellos probablemente nunca han sembrado nada.  Están contentos con pasear en tiendas por la nueva tierra sometida, pastoreando su ganado y alimentándose de lo que producen naturalmente los huertos y los campos que los cananeos sembraban en los años pasados.  Pero esta no es la visión que Jehová les ha dado.  Como Él se ha establecido en un lugar, así harán ellos también.
         No abandonan la vida pastoral (Josué 21:42), pero note que son repartidos en
ciudades.  Se van a arraigar a la nueva tierra.  Aprenderán a labrarla para que produzca sus frutos.  Y entre todos vivirán los levitas, los que tienen la responsabilidad de enseñar y guiar al pueblo en la ley de Jehová.  El movimiento continuo puede abrir paso al descuido de la educación en las leyes de Jehová; la vida sedentaria va a permitir más posibilidades para desarrollar su conocimiento de sus leyes y para asegurarse que todos los miembros de la sociedad viven ordenadamente y en obediencia a Dios.
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Josué 13 - 17 y Salmo 47

12/3/2012

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         Según el testimonio de Caleb en Josué 14:10, la conquista ha durado cinco años.  Pero todavía es incompleta: Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer (Josué 13:1).  Pero la obra de la conquista no depende de un solo hombre sino de Jehová.  Al indicar toda la tierra que todavía no se ha sometido a los israelitas,
Jehová promete: Yo los exterminaré delante de los hijos de Israel (Josué 13:6).  El papel de Josué entonces cambia a la repartición: Solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te he mandado (Josué 13:6).
         Hoy nos cuesta leer las listas de las ciudades y las descripciones de las fronteras entre las tribus, pero queremos intentar a apreciar lo que significaban para los israelitas de esa época.  Para ellos no era aburrido sino un regalo físico concreto de la mano de Dios.
         Imagine la lista de las ciudades de Judá de Josué 15:20-62, pero con los nombres de los pueblos del lugar de origen de usted, o del lugar donde vive ahora.  (En mi caso, sería el pueblo de Monroe, el principal donde vivo, e incluiría muchas comunidades pequeñas cercanas como Jersey, Youth, Walnut Grove, Oxford, Social Circle, Good Hope, Gratis, etc., lugares sin fama pero muy importantes para la gente que tiene sus hogares y sus familias acá.)  Recórralos en su mente si no en carro, apreciando a cada uno: sus subidas y bajadas, sus ventajas, sus posibilidades
económicas, sus vistas lindas, sus rincones agradables, los lugares que necesitan ser desarrollados, los que han sido destruidos y necesitan ser reconstruidos, su infraestructura o falta de la misma…
         Ahora imagine que Dios les ha regalado todo ese territorio a usted y a sus familiares juntos con otros familiares más lejanos.  Además de compartir los mismos antepasados de hace varias generaciones, todos juntos han sufrido años en el desierto, han pasado por el río Jordán milagrosamente, han batallado cinco años contra cananeos y han visto la mano de Jehová en su protección y su victoria.  Juntos adoran a Jehová y van al tabernáculo para presentar sus ofrendas; han celebrado la Pascua, la fiesta de los panes sin levadura y mucho más; juntos han aprendido a guardar todas las leyes de Jehová sobre sus relaciones económicas, sus relaciones familiares, sobre la pureza y la inmundicia, y han empezado a contar a sus hijos las maravillas de Jehová de que han sido testigos oculares. Los une mucho, mucho más que sólo la carne y la sangre.  Y Jehová les dice: Estos lugares son suyos.  Sojúzguenlos; disfrútenlos; háganlos producir.  Reposen acá…  ¿No serían muchísimo más interesantes los nombres como Itnán, Zif, Telem, Bealot, Hazor-hadata, si entendiéramos nuestra participación en los mismos así?
         Así tenemos que entender la distribución de la tierra, el entusiasmo de Caleb por conquistar su heredad y la inquietud de ver algunas tribus que no sojuzgan lo suyo.  Es bendición; es posibilidad; es dominio; es el cumplimiento de Jehová de
su promesa por gracia, recibido con agradecimiento por su pueblo escogido.
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Josué 9 - 12 y Salmo 119:65-72

12/3/2012

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         Después de la atención a la disciplina en el asunto de Acán y la renovación del pacto, nos desanima leer sobre el engaño de Gabaón a Israel.  Su astucia es impresionante: su declaración de la “fe” en Jehová suena parecida a la de Rahab en Josué 2:10-12: Tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto, y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot (Josué 9:9-10).  Hay “evidencia” de que su historia es verdad.  Pero los líderes israelitas fallaron; su culpa se resume en cuatro palabras: No consultaron a Jehová (Josué 9:14).
         La murmuración del pueblo es llamativa.  En los libros pasados, murmuraron en rebelión contra Jehová por la falta de comodidades y fueron castigados; pero esta vez, murmuran por la falta de discernimiento de sus líderes.  No son castigados.  Pero no pueden entrar en guerra contra los gabaonitas; su alianza fue confirmada en el nombre de Jehová, y aunque fue establecida por engaño, los líderes se acordarán: Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca (Números 30:2).  Para resolver la situación, Josué los maldice al estatus de siervos para llevar agua y leña para el tabernáculo…  A la vez, ¿qué lugar mejor hay para un cananeo en esta época que el estar cerca a la Presencia de Jehová, protegido por su nombre?  Ojalá que aprendan a tener la fe de Rahab.
         Al leer Josué 10 – 12 sobre la batalla que provocó la alianza con Gabaón, la conquista del sur y luego del norte de la tierra prometida, note lo siguiente:
         1) Peleó Jehová: Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras de granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada (Josué 10:11).  Jehová la entregó [Libna] también a ella y a su rey en manos de Israel (Josué 10:30).  Jehová entregó a Laquis en mano de Israel (Josué 10:32).  Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel (Josué 10:42).
         2) Igual como con las plagas en Egipto, Jehová lo hizo con la intención de destruir a un pueblo que anduvo en rebelión contra Él: Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés (Josué 11:20).  No pienses en tu corazón
cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti (Deuteronomio 9:4).
         3) Peleó Israel en obediencia completa a Jehová: Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida.  De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés (Josué 11:14-15).
         4) La conquista fue un proceso largo, no de meses sino de años: Por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos reyes (Josué 11:18).
         Y por fin llegó el fin de la conquista y el inicio de la distribución de la heredad: Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra (Josué 11:23).  Empiezan a realizar la promesa dada siglos antes a un solo hombre sin tierra: A tu descendencia daré esta tierra (Génesis 12:7).
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Josué 7 - 8

11/3/2012

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         Igual como el reconocimiento de la guerra ritual en lecturas previas informó nuestra comprensión de la lectura ayer, nuestro entendimiento de Josué 7 – 8 depende de las lecturas previas, también.
         Específicamente, tenemos que acordarnos de la santidad perfecta y abrasadora de Jehová.  Acuérdese, por ejemplo, de la tensión y la angustia en si la santidad de Jehová iba a aguantar el morar entre los israelitas o no después de su idolatría con el becerro de oro en Éxodo 32 – 33.  Acuérdese también de las muertes de Nadab y Abiú el día de su consagración por presentar fuego extraño delante de Jehová en Levítico 10.  Acuérdese de cómo su falta de respeto a la santidad de Jehová no sólo llegó a su propia muerte sino que puso en riesgo a todo el pueblo de Israel por contaminar el tabernáculo.  Acuérdese de la seriedad con que tienen que celebrar los israelitas el Día de la expiación de Levítico 16 para quitar toda la inmundicia de todos los pecados de Israel una vez por año.  Acuérdese además de que el propósito de los levitas no es sólo para ayudar a los sacerdotes en el tabernáculo sino para servir como un amortiguador entre la santidad de Jehová y su pueblo santo: para que no haya plaga en los hijos de Israel, al acercarse los hijos de Israel al santuario (Números 8:19).  Acuérdese de cómo la rebelión de Coré causó una rotura en este amortiguador y murieron más de 14.700 en Números 16.  Piense otra vez en cómo Moisés y Aarón no pudieron entrar en la tierra prometida: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel (Números 20:12).  Acuérdese de que 24.000 murieron en la idolatría de Baal-peor hasta que
Finees hizo expiación por el pueblo.  Hoy vemos que Jehová no es menos santo ahora en el libro de Josué.  Su santidad es igual de perfecta, intolerante del pecado y abrasadora que en los libros de Levítico y Números.
         Por eso es tan serio lo que nos anuncia al principio de la lectura: Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel (Josué 7:1).  La codicia de uno puso a toda la nación en peligro; el realidad, los israelitas deben estar agradecidos que sólo 36 hombres murieron en la primera batalla de Hai. Por eso Josué intercede
desesperadamente por Israel, Jehová les urge la resolución inmediata del asunto
y toda la nación participa en ejecutar a Acán.  No se puede tolerar ni un momento más bajo la ira justa de Jehová por ofender su santidad.
         Por eso es apropiado también que terminemos la lectura con el cumplimiento de la renovación del pacto en los montes Ebal y Gerizim mandado en Deuteronomio 11:26-32 y todo capítulo 27.  Al condenar el pecado de entre ellos por ejecutar a Acán, al ser restaurado con Jehová y al en obediencia con Él en la segunda batalla de Hai, los israelitas reconfirman el pacto con Jehová.  Y lo hacen completamente: No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos (Josué 8:35).
         Que nuestra reacción al pecado en nuestras vidas sean igual de decisiva en
arrepentimiento e inmediata en reconfirmación y obediencia a Jehová.
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Josué 5 - 6 y Salmo 149

10/3/2012

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         La batalla de Jericó parece extraña a primera vista.  Los israelitas cruzan el río Jordán y entran la tierra prometida… ¿para circuncidarse? ¿Quiénes empezarían
una conquista militar por afligirse con una cirugía que requiere unos días de
recuperación? Luego paran para celebrar la fiesta de los panes sin levadura.  Pero, ¿no dan más tiempo a sus enemigos ahora para que se preparen por la batalla?
         Estos y otros detalles de Josué 5 – 6 parecen raros si los consideramos según una perspectiva militar moderna.  Pero si nos acordamos de Números 31 y la lección sobre la guerra como un rito, un acto santo mandado por Jehová ycumplido en obediencia igual como la presentación de una ofrenda, entonces esos detalles de la batalla de Jericó tienen más sentido.
         Primero, la batalla no es dirigida por Josué y los israelitas sino por Jehová, representado por el varón con la espada desenvainada en su mano (Josué 5:13-15). 
Josué, el líder de todo el ejército de Israel, responde en la actitud apropiada – no por sugerirle una estrategia, no por ponerse a su lado y desenvainar su espada también, sino por postrarse en tierra en adoración y quitarse el calzado de sus pies, en sumisión completa.
         Segundo, igual como la batalla contra Madián en Números 31, se llevan los vasos del santuario, en este caso el arca del pacto, para demostrar la Presencia de Jehová como Guerrero peleando contra sus enemigos.  No es tanto una guerra
de Israel contra Jericó sino de Jehová contra Jericó.  En vez de utilizar las fuerzas naturales para destruirlos como hizo contra Sodoma y Gomorra o contra Egipto, utiliza al ejército de su pueblo santo.
         Tercero, los israelitas tratan a Jericó como una ofrenda de holocausto: destruyeron todo lo que había en la ciudad a espada, personas y animales, y luego consumieron toda la ciudad en fuego.  De acuerdo con las reglas de Números 31, todo lo que pasó por el fuego fue entregado al tesoro de la casa de Jehová.
         Si reconocemos el aspecto ritual de la batalla, es aún más sorprendente la salvación de Rahab y su familia.  Según la ley, deben haber perecido con
el resto de la ciudad.  Más que la recompensa por un favor a los dos espías, sus vidas son salvadas de la ira justa de Jehová, protegidas por su misericordia.  Aún en medio de su juicio justo, Jehová otra vez preserva a un remanente cuya fe reposa en Él, igual como hizo a Noé y su familia, a Lot y su familia, a todos los israelitas cuando salieron del Mar Rojo, y a Josué y Caleb cuando salieron del desierto y entraron la tierra prometida.  De nuevo vemos por Rahab y su familia que la fe en la palabra de Jehová es la respuesta apropiada de su pueblo verdadero mientras la hora del juicio abrasador se acerca.
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Josué 1 - 4 y Salmo 114

8/3/2012

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         ¡Qué diferencia tan grande existe entre la primera tentativa de entrar la tierra prometida en Números 13 – 14 y la segunda en Josué 2 – 4!
         En la primera tentativa, el testimonio de los espías sembró temor en Israel; en la segunda, siembra confianza.  Son los cananeos los que temen ahora: Dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros (Josué 2:24).
         En la primera, se preguntaron: ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?(Números 14:3)  Esta vez, todos marchan adelante, siguiendo el paso abierto milagrosamente en el río Jordán por la Presencia de Jehová.
         La primera tentativa terminó en rebelión contra Moisés y Aarón.  En la segunda, los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés le dicen a Josué: Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente (Josué 1:18).
         En la primera, el nombre Horma representa la vergüenza de la derrota y la prohibición de entrada por su rebelión.  Después de la segunda, Gilgal tiene un monumento de 12 piedras sacadas del camino en seco del río Jordán, un testimonio de las 12 tribus del poder de Jehová (Josué 4:24).
         ¡Qué diferencia obran 40 años de disciplina en el desierto, la disciplina que da el fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados! (Hebreos 12:11)
         También hay otro evento sorprendente, la conversión de una cananea.  La ramera Rahab no sólo protege la vida de los espías sino que declara su fe en Jehová y se entrega a su protección: Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre (Josué 2:11-12).
         Su fe es de la misma clase que la de las hijas de Zelofehad en Números 27.  Acuérdese que ellas pidieron la heredad de su padre cuando los israelitas no habían ganado ni un centímetro de la tierra prometida; la pidieron por fe en el cumplimiento futuro de las promesas de Jehová.  Rahab busca refugio en Jehová del juicio futuro que va a consumir su ciudad aunque ninguna flecha se ha tirado contra ella, ni los israelitas han pasado el río que se ha desbordado sus orillas.  O por la recepción de sus promesas o la protección de su juicio, esas mujeres ejercen la fe en la palabra de Jehová y son premiadas.  ¡Qué ejemplos edificantes a diferencia de Números 13 – 14!
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Amós 4

11/8/2011

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         En Amós 4 podemos ver algunos de los frutos de la religión falsa, los frutos que aparecen cuando un pueblo se refugia en los ritos de la religión sin el verdadero reconocimiento del pecado.

         Amos 4 empieza con una reprensión a las mujeres de la sociedad alta de Samaria a quienes llama “vacas de Basán” en 4:1 por ser consentidas y engordadas en la prosperidad como los animales en esa región en la época bíblica.  Su consentimiento se logra a expensas de los necesitados y por invitar a sus esposos a participar en su ocio y la vergüenza.  Les falta el reconocimiento del día de juicio, el día cuando tendrán que rendir cuentas por su pecado y su tratamiento de los necesitados.  Jehová les revela a las israelitas que serán tratadas como animales cuando llegue ese día, por el juicio divino por parte de los asirios que en realidad practicaban la tortura a los cautivos en guerra descrita en 4:2.  Por el ejemplo de las israelitas vamos a identificar el primer fruto de la religión falsa: el no mencionar, ni predicar, ni vivir en reconocimiento del juicio divino.

         Mientras tanto, las israelitas y sus esposos continúan sus prácticas religiosas que son identificados con Jehová por nombre solamente.  En Amós 4:4 van a Bet-el, el sitio donde Jacob soñó con la escalera entre el cielo y la tierra (Génesis 28:10-22) y donde regresó muchos años después para agradecer a Jehová y dirigir a su familia en adoración (Génesis 35:1-15).  A pesar de estas credenciales religiosas, Jehová nunca les dirigió a sus descendientes que lo adoraran en ese sitio.  Cuando el reino unido se dividió, Jeroboam puso un becerro de oro en Bet-el para que Israel no fuera al templo en Jerusalén más para adorar (1 Reyes 12:26-33).  Por eso, la supuesta adoración de los israelitas en Bet-el es en realidad otra ofensa más a Jehová.  Pero como no desean cambiar sus tradiciones falsas, antes bien desean practicarlas con más fervor, Jehová con sarcasmo les invita: Id a Bet-el, y prevaricad (Amós 4:4); les invita a que aumenten la condenación que les espera.  El segundo fruto de la religión falsa: su adoración enfoca en las tradiciones de los hombres, no en los mandamientos de Dios.

         Más adelante en Amós 4:4 vemos que igual condenación les espera en Gilgal, el lugar donde los israelitas entraron en la tierra prometida del desierto, levantaron las 12 piedras por memorial al milagro de cruzar el río Jordán, se circuncidaron y celebraron la primera Pascua en su nueva heredad (Josué 4:1 – 5:12).  Pero no tienen corazones circuncidados como sus antepasados que entraron por fe bajo Josué; por eso reciben otra invitación sarcástica: Aumentad en Gilgal la rebelión (Amós 4:4).  Por un lado el reino de Israel demuestra un gran afán por las cosas de Dios.  Por ejemplo, la ley pidió que presentaran el diezmo una vez cada tres años (Deuteronomio 14:28); ellos lo presentan cada tres días (Amós 4:4).  Pero por otro lado, todas sus ofrendas son como ellos quieren, no como Jehová les ha mandado (Amós 4:5).  Y en esto está la ofensa.  La adoración consiste no en lo que uno quiere ofrendar a Jehová, sino en lo que Jehová nos ha pedido.  Hay oportunidad por las ofrendas voluntarias, pero sólo cuando las involuntarias se han cumplido.  Y como evidencia de que los israelitas se han alejado muy lejos de los mandamientos de Jehová por la adoración, note que en la multiplicación de sus ofrendas, no se menciona ni una por el pecado (Amós 4:4-5).  Así vemos el tercer fruto de la religión falsa: mucha adoración y ofrendas pero sin ninguna mención de la sangre por el perdón de pecados.

         Jehová intentó a llamarles la atención a sus pecados de muchas formas diferentes en Amós 4:6-11, pero ningún efecto tuvo: No os volvisteis a mí (Amós 4:6, 8, 9, 10, 11).  La historia del reino de Israel según Jehová en estos versículos es muy diferente de la historia que habrían narrado los israelitas.  Imagino que ellos habrían narrado sus victorias, su prosperidad, su religiosidad… Jehová en cambio pone en lista sus derrotas y sus castigos que evitan a mirar para no tener que pensar en sus pecados.  El cuarto fruto de la religión falsa: la narración de su historia o su testimonio personal sin mencionar ni el pecado ni el arrepentimiento.

         Entonces, Israel va a tener un encuentro con Jehová.  No será como el encuentro que esperaban por sus ofrendas y alabanzas abundantes en Bet-el o en Gilgal, sino un encuentro verdadero con Jehová de los ejércitos que viene para juzgar (Amós 4:12-13).  Los resultados de este encuentro explica Jehová en Amós 5:1-3.

         Aunque son del Antiguo Testamento, estos versículos tienen una aplicación a la adoración en nuestras iglesias cristianas hoy.  ¿A quién adoramos en realidad en la multitud de nuestros cánticos y ofrendas?  ¿Un dios de nuestra fabricación, que existe sólo para consentirnos y enseñarnos a superar todas nuestras fallas como nosotros las definimos?  ¿O el Dios viviente que se reveló en la Biblia, el que no tolera el pecado y viene para juzgar a los pecadores, entre quienes estaremos todos si no nos arrepentimos y confiamos únicamente en su Hijo Jesucristo, el que nos demostró el verdadero amor, no por consentirnos sino por derramar su sangre y morir en propiciación de la ira justa de Dios por nuestros pecados?  ¿Adoramos al Dios verdadero, el Dios que juzga el pecado y salva por la sangre de nuestro Redentor, o como los israelitas reprendidos por Amós, adoramos sólo una fabricación de nuestros impulsos religiosos?
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    Autor

    Rev. Ken Kytle, pastor de la Iglesia bautista La fe en Cristo cerca de Atlanta, Georgia, EEUU.

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