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Génesis 48 - 50 y Salmo 28

16/1/2012

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         En la lectura para hoy, el último del libro de Génesis, tenemos un pasaje largo (casi todo el capítulo 49) del género bíblico llamado la profecía.  Vamos a definir la profecía de acuerdo con la explicación del apóstol Pablo en 1 Corintios 14.
         Primero dice: El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3).
         1)  El que profetiza habla a los hombres…  En el versículo que sigue, 1 Corintios 14:4, Pablo especifica quiénes son estos hombres: Edifica a la iglesia.  Es decir, la profecía primero que todo es para la comunidad de la fe.  Pronto veremos que sí, puede ser dirigida para los incrédulos también, pero su público principal es la comunidad de la fe.  (Por ejemplo, Génesis 49 se dirige a los hijos de Jacob, no a sus vecinos egipcios.)
         2)  …para edificación…  Es para edificar, dar crecimiento y madurar a los oyentes en su relación con Jehová.  La profecía puede hablar de gran destrucción y condenación, pero sólo a los que se oponen a la justicia de Jehová.  Edifica a los que viven por fe de acuerdo con su justicia.
         3)  …exhortación…  La exhortación completa tiene tres pasos:
             a) retrata la situación presente del oyente para clarificarla según la vista de Dios y para comunicarle al oyente que está mal;
             b) retrata la situación correcta en que debe andar el oyente en justicia; y
             c) le anima a hacer los cambios para dejar la situación a) y entrar en la situación b).
         4)  …consolación…  La profecía consuela al que sufre por seguir el camino de la justicia de Jehová y le exhorta a continuar adelante por el poder de Jehová a pesar de las dificultades del tiempo presente.
         También explica Pablo: Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros (1 Corintios 14:24-25).
         1.  Si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto…  La profecía, aunque dirigida sobre todo a la comunidad de la fe, se puede dirigir a los incrédulos también.
         2.  …es convencido…  El oyente ahora entiende que ha pensado y actuado en desacuerdo con la justicia de Jehová.
         3.  …es juzgado…  Por la profecía reconoce que es culpable por su injusticia, que merece el castigo y la condenación de Dios por sus pecados.
         4.  …lo oculto de su corazón se hace manifiesto…  Sus pecados escondidos y los motivos perversos con que los seguía ahora son manifestados a la luz.  Note que esta profecía puede ser declarada a incrédulos o a miembros de la comunidad de la fe que andan en injusticia.
         5.  …postrándose sobre el rostro, adorará a Dios…  El propósito de la profecía es el arrepentimiento de los oyentes y su restauración a los caminos de Dios.
         6.  …declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.  La profecía es una manifestación de la presencia de Jehová con su pueblo.
         Poco después, Pablo señala algunos aspectos más de la profecía: Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.  Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados (1 Corintios 14:30-31).  Note tres observaciones más sobre la profecía:
         1.  Si algo le fuere revelado a otro…  La profecía se distingue de otros dones espirituales como la enseñanza por incluir la revelación: el Espíritu de Dios le revela algo al que profetiza que no es accesible por la lógica, la preparación, la simple observación o la repetición de alguna lección.  No quiere decir que la revelación es ilógica ni mística, sino que tiene su origen inmediato en Jehová y es transmitido por el que habla.
         2.  …calle el primero…  El que profetiza no entra en éxtasis.  Está en control completo de sí mismo.  Puede hablar o al momento se puede callar sin ningún problema.
         3.  …para que todos aprendan…  Además de las funciones de edificación, exhortación, consolación y convicción de pecado como vimos arriba, la profecía también enseña: le comunica al pueblo de Jehová cómo es Él y cómo relacionarse con Él en fe y obediencia.
         Y vamos a ampliar la definición de la profecía de Pablo en 1 Corintios 14 un poco más por identificar otra característica que a veces tiene y que sí, aparece en Génesis 49: la profecía exhorta a los oyentes por revelar el futuro.  Note bien que la profecía nunca revela el futuro sólo para informar o dar alguna satisfacción intelectual a los oyentes sino que habla del futuro siempre para exhortarles que actúen de acuerdo con la justicia de Jehová.  Al hablar del futuro, la profecía quiere impactar la vida diaria presente de los oyentes.
         Y con estas intenciones profetiza Jacob en Génesis 49: Por una revelación de Jehová sobre el futuro de la comunidad de la fe, Jacob desea enseñar, edificar, exhortar y consolar a sus hijos y las generaciones que los van a seguir para que eviten el pecado y anden en la justicia de Jehová en preparación por el cumplimiento de sus promesas.  Mientras esperan, la repetición de esta profecía va a recordarle a la comunidad de fe de la presencia continua de Jehová con ellos y la fidelidad con que va a cumplir sus promesas.
         Con esta definición como brújula que nos señala el norte, vamos a repasar Génesis 49 brevemente para ver algunas de las profecías que destacan.
         Rubén (Génesis 49:3-4): Note la diferencia entre su potencial en versículo 3 y lo que ha perdido según versículo 4 por ser impetuoso y por su pecado sexual descrito en Génesis 35:22.  Aunque es el primogénito, no recibirá la primogenitura (como confirma 1 Crónicas 5:1-2).
         Simeón y Leví (Génesis 49:5-7): Reciben una reprensión por su violencia en extremo al vengarse de la deshonra de Dina en Génesis 34.  También se les revela las consecuencias de su pecado: Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel (Génesis 49:7).  Los descendientes de Simeón van a recibir una heredad cuando vuelven a Canaán, pero con el tiempo van a perder su identidad y serán asimilados en la tribu de Judá.  Los descendientes de Leví serán esparcidos en Canaán pero de forma honrosa; como veremos en el libro de Éxodo, van a ser la tribu sacerdotal de Israel.
         Judá (Génesis 49:8-12): Lo compara con un león por su fuerza noble y su capacidad de despertar el temor y la admiración de sus enemigos.  Revela que el cetro, representando el reino, continuará con Judá hasta la llegada de uno identificado como Siloh (una palabra difícil de traducir del hebreo; entre varias opciones, posiblemente un nombre que significa “el que da paz” o posiblemente “el a quien [el reino] pertenece”), y los pueblos congregarán a él.  Dice: Atando a la vid su pollino (Génesis 49:11), un símbolo raro porque uno no ata los pollinos a las vides… ¡las van a comer!  Tampoco se lavan los vestidos en vino (Génesis 49:11).  Pero lo que nos quiere comunicar Jacob es que los productos comunes de la agricultura en esa región (las uvas, el vino, la leche) van a ser producidos en tanta abundancia y dentro de tanta prosperidad, que no le importará a uno si un pollino come una vid, porque las vides de calidad están en todas partes, y el vino va a ser tan común y corriente como el agua.
         Zabulón (Génesis 49:13): Su prosperidad en la mercancía por el mar va a ser semejante a la prosperidad de Sidón, uno de los puertos más famosos de la antigüedad.
         Isacar (Génesis 49:14-15): Tiene fuerza, pero por su flojera tendrá que utilizarla para servirle a otros.
         Dan (Génesis 49:16-17): Será pequeño, pero peligroso para los que parecen más fuertes que él como la víbora puede derrumbar al jinete en un caballo.
         Tu salvación esperé, oh Jehová (Génesis 49:18).  En medio de la profecía quiere recordarles Jacob a sus hijos que todo lo que les revela viene por la gracia de Jehová en su salvación, no por recompensa por sus esfuerzos.
         Gad (Génesis 49:19): Sufrirán derrota, pero eventualmente vencerán.
         Aser (Génesis 49:20): Producirá en abundancia de una calidad digna de reyes.
         Neftalí (Génesis 49:21): Disfrutará una gracia fina en su educación y sabiduría.
         José (Génesis 49:22-26): Acuérdese que José recibe la primogenitura que perdió Rubén, las dos porciones de la heredad dividida igualmente entre todos los hijos.  Una porción de la primogenitura recibirá su hijo Efraín y la otra, Manasés de acuerdo con su “adopción” y bendición por Jacob en Génesis 48.  Note que la profecía enfatiza la prosperidad a pesar de persecución severa y entra en alabanza a Jehová que por gracia protege y prospera a José, al punto de hacer referencia a las bendiciones eternas que recibirá.  Se expresa como uno que encuentra que las palabras son insuficientes para captar las maravillas de Jehová y las bendiciones que reparte a su escogido.
         Benjamín (Génesis 49:27): Como Judá fue comparado con león, Benjamín es comparado con lobo, pero en un sentido positivo.  Arrebata la presa y como tiene más que suficiente, la reparte a sus hermanos.
         Por estas palabras de su antepasado Israel, sus hijos y los descendientes después de ellos iban a ser enseñados, edificados, exhortados, consolados y convencidos de sus pecados para el arrepentimiento en los años de espera antes de volver a la tierra de Canaán.  Aún serviría de recordatorio y profecía para los años después.  Se debían acordar que aunque Jacob y los demás patriarcas han fallecido, su Dios no los iba a abandonar: iba a relacionarse con ellos por gracia y por fidelidad al pacto, y ellos debían responder en devoción manifestada en justicia.
         Así cerramos nuestra lectura de la época de los patriarcas y el libro de Génesis, con la mirada hacia las manifestaciones futuras de la gracia de Jehová a su pueblo escogido.
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1 Corintios 14 - 16

18/10/2011

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        1 Corintios 14 continúa el enfoque de las lecturas anteriores: Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis (1 Corintios 14:1).  Más que todo, el creyente ama, y por eso anhela los dones espirituales que tienen la capacidad de canalizar más amor por la edificación, la exhortación y la consolación de los demás (1 Corintios 14:3).  Sin menospreciar el don de lenguas, Pablo recomienda los dones espirituales y una organización del culto que van a ser inteligibles y de más beneficio para todos los hermanos.
         En 1 Corintios 15 Pablo corrige a algunos que no creen que hay resurrección de muertos (1 Corintios 15:12).  Se supone que creen en la resurrección de Jesucristo porque son miembros de la iglesia, y su resurrección es uno de los puntos esenciales de la fe cristiana (Romanos 10:9).  Pero no creen en la resurrección futura de los creyentes.  Pablo los corrige por subrayar el enlace indivisible entre la resurrección de Jesucristo y la de todos sus creyentes.  Es una relación tan estrecha que el no creer en la resurrección futura del creyente es igual que negar la resurrección de Jesucristo mismo (1 Corintios 15:13).  En realidad, la resurrección de Jesucristo es las primicias (la primera evidencia, o los primeros granos maduros que dan evidencia de la cosecha grande que está por madurarse dentro de poco).  Da evidencia de la resurrección pendiente de todos sus creyentes.  Y es tan segura la realidad de la resurrección de todos los suyos que dice: Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Corintios 15:22).  ¿Es segura la muerte de todos los seres humanos?  Claro que sí.  Ninguno entre nosotros se puede levantar la mano y decir: ¡He vivido unos 200 años, y Dios mediante voy a vivir unos siglos más!  Nuestra muerte es segura.  Según 1 Corintios 15:22, ¡nuestra resurrección de los muertos es igual que segura!  Sólo es cuestión de tiempo: Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida (1 Corintios 15:23).
         En 1 Corintios 16 Pablo habla de sus planes para ver a los corintios y mantenerse en contacto con ellos y vuelve a tocar uno de los temas principales de la carta: Todas vuestras cosas sean hechas con amor (1 Corintios 16:14).  Y de nuevo, Pablo les da el ejemplo de lo mismo: Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros (1 Corintios 16:24).  Si vivimos hoy en reconocimiento de la resurrección de Jesucristo y la seguridad de nuestra futura resurrección por fe en él, y si por eso amamos a los demás fervientemente por las oportunidades y los dones espirituales que el Señor nos da mientras tenemos vida en esta tierra, ¡hemos entendido unas lecciones muy importantes sobre la lectura de 1 Corintios 14 – 16!
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1 Corintios 7 - 9 y 10 - 13

17/10/2011

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         ¿Es la crucifixión de Jesucristo tan práctica y de tanta influencia que aún dirige con quién me caso, si acepto o no la comida que me presenta un vecino el Día de los Muertos, mi corte de pelo o cómo me acerco a la mesa de comida en una comida compartida de la iglesia?  Por estas dos lecturas aprendemos que sí, claro que sí.
         El principio que informa y motiva las respuestas a todas estas preguntas y a las otras que aparecen en estas dos lecturas es el mismo: el amor.  El amor por el hermano por quien murió Jesucristo y por la persona no convertida dirige nuestras respuestas a todas estas preguntas y más.
         Por el amor la esposa recién convertida no se separa de su esposo no creyente; por amor el esposo cristiano no abandona a su esposa incrédula.  Por amor el padre o la madre creyente instruye a sus hijos en el evangelio aun cuando su cónyuge no lo cree.  Por amor la cristiana no se permite enamorar del incrédulo, y el cristiano no sale en citas con la no creyente.  Por amor el cristiano no come ni toma lo que sería de ofensa a su hermano; por amor los cristianos no se peinan ni se visten de una forma que escandaliza a los demás.  Por amor el cristiano no menosprecia los dones espirituales de su hermano; por amor los cristianos aseguran de que el otro tiene suficiente de comer y beber antes que uno mismo.  En toda su vida diaria el cristiano se dirige por el lema: Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Corintios 10:24).
         El amor que llevó a nuestro Señor a la cruz para morir por nuestros pecados es el amor que inunda nuestros cuerpos, almas y espíritus por el poder del Espíritu Santo para amar al hermano y al incrédulo en nuestras decisiones diarias.  No nos preguntamos: “¿Qué prefiero?  ¿Qué me da gusto?” antes de contestar primero: “¿Qué desea mi esposo / mi esposa / mis hermanos / mi Señor?”  Que hoy examinemos cada decisión a la luz del amor por nuestros hermanos y sobre todo por nuestro Señor Jesucristo.  ¡Y que nos maravillemos cuán diferentes sean nuestras formas de pensar y de tomar decisiones cuando sean dirigidas de veras por el amor al Señor!
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1 Corintios 4 - 6

17/10/2011

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         En la lectura para hoy Pablo revela otro problema que los corintios tienen que corregir, el juicio incorrecto.  Primero, todos tienen una opinión sobre cómo cumple Pablo, Apolos o cualquier predicador su ministerio.  Pablo los corrige por acordarles de nuevo de la centralidad de Jesucristo: Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios…  El que me juzga es el Señor.  Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios (1 Corintios 4:1, 4-5).
         Segundo, mientras los corintios se meten en el juicio de las intenciones de los corazones de los predicadores, una evaluación que no les pertenece, dejan de juzgar en algo que de veras les pertenece, en el caso de un miembro de la iglesia que anda en fornicación: De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.  Y vosotros estáis envanecidos.  ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? (1 Corintios 5:1-2)  De nuevo Pablo corrige su juicio errado.  Que dejen que Dios juzgue a los que están fuera de la iglesia, pero que ellos juzguen a los que están dentro para quitar la levadura de la perversión de su iglesia y para llamar a los hermanos a mantener vivo su arrepentimiento del pecado.
         Tercero, además de no juzgar a los hermanos que persisten en el pecado, los corintios erran por no juzgar en los desacuerdos y pleitos que existen entre ellos.  No sólo esto, sino que pasan a la vergüenza de llevar sus discusiones y sus pleitos delante de los jueces no conversos para que los juzguen (1 Corintios 6:1).  Para avergonzaros lo digo.  ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? (1 Corintios 6:5-6)
         En todo, los corintios demuestran un juicio errado.  Se meten en asuntos que no les pertenece (la evaluación de los ministerios de los siervos de Cristo) y descuidan los asuntos que sí les pertenece (la disciplina de miembros de la iglesia que practican el pecado y la resolución de los conflictos entre ellos).  Su juicio evalúa a los siervos de Dios, el pecado de los miembros y sus conflictos según los ojos del mundo.  Deben aprender a mirarlos según los ojos del Espíritu.
         De nuevo, la correctiva a estos males se encuentra en reconocer la prioridad de Cristo Jesús.  Él evalúa a sus siervos (1 Corintios 4:4-5).  Él fue sacrificado para que su iglesia anduviera en santidad, sinceridad y verdad (1 Corintios 5:7-8).  Murió para que cada uno de su reino fuera lavado, santificado y justificado en su nombre (1 Corintios 6:11).  Murió para que cada uno de nosotros los creyentes participáramos en su resurrección (1 Corintios 6:14).  Y por eso, nuestra forma de ver y evaluar ha cambiado por completo.  En vez de opinar sobre todo, reconocemos los límites de nuestro juicio.  En vez de callarnos sobre los pecados de nuestros hermanos, los amonestamos al arrepentimiento por amor.  En vez de anunciar las injusticias que un hermano ha cometido contra nosotros, buscamos el resolverlas en humildad, por amor, prefiriendo sufrir el agravio que avergonzar al hermano públicamente.  Y si andamos así, demostramos el verdadero poder del Espíritu en nuestro juicio.
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1 Corintios 1 - 3

17/10/2011

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         Si lee con cuidado los primeros 10 versículos de la primera carta de Pablo a los corintios, va a ver que Pablo menciona directamente o hace referencia a Jesucristo en cada uno de los 10.  Léalos en voz alta y note cómo resuena el nombre del Señor.  No es por accidente.  Pablo quiere que esta iglesia que sufre muchos problemas, contiendas y desorden vuelva a enfocarse en la razón de su existencia, en la Persona que la salvó, en el por quien disfrutan todas las bendiciones espirituales, en el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.
         Porque en esta iglesia sobresalen las divisiones: He sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.  Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo (1 Corintios 1:11-12).  Por su admiración de los talentos y los dones de sus predicadores favoritos, los corintios los han exaltado a un punto en que se identifican más por ellos que por Jesucristo crucificado en la cruz.  Se maravillan más por la sabiduría mundana y el éxito ministerial que por la sabiduría de Dios demostrada específicamente en la crucifixión del Señor de gloria.
         Mientras leemos la correctiva de Pablo a los corintios hoy, debemos reflexionar en nuestra identificación cristiana también.  ¿Con qué nos identificamos en nuestro camino diario en la fe cristiana?  ¿Con una iglesia?  ¿Con una denominación?  ¿Con el ministerio de un predicador favorito?  Pablo desea que volvamos a enfocar en lo más importante y central: Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado (1 Corintios 2:2).
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    Autor

    Rev. Ken Kytle, pastor de la Iglesia bautista La fe en Cristo cerca de Atlanta, Georgia, EEUU.

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